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La pirámide de la victoria. JAVIER MORÁN

LA NUEVA ESPAÑA (31/12/05)



Los antiguos celebraban sus victorias levantando arcos o pillando un obelisco egipcio que trasladaban a Roma. La victoria urbanística del Ayuntamiento de Gijón -que aprobó ayer definitivamente su PGOU tras dos años de convulsiones- merece, como mínimo, que el equipo socialista de Felgueroso mande construir una pirámide conmemorativa.

De hecho, la regidora se autoproclamó ayer «faraona» de Gijón; en broma, lógicamente, y para darle un quiebro a ese retintín con el que Pilar Fernández Pardo (PP) resume todas las proezas de la Alcaldesa bajo la etiqueta de «la era Felgueroso».

Con su buen sentido del humor, y supuesta la reciente festividad de los Santos Inocentes, la Alcaldesa no descartó ayer rematar su mandato a lo Mitterrand, dejando una pirámide en algún punto de la villa. A dicho mandato le quedan ahora mismo 17 meses, pero, vista la vitalidad de Felgueroso y lo crecida que se muestra de un tiempo a esta parte, tal vez haya que añadir un plazo de otros cuatro años para ver el monumento.

Sin embargo, la victoria del PGOU gijonés ha resultado pírrica. Tres multitudinarias «marchas verdes» de protesta de los rurales gijoneses contra el plan han demostrado el escaso tacto del equipo de Felgueroso al imponer la urbanización propuesta en el PGOU sobre la excelente zona rural del concejo. Previamente, el Consistorio había realizado algunas piruetas muy peligrosas, como la de abrir un período de participación ciudadana para recoger propuestas cuando el PGOU ya estaba totalmente redactado.

Ahora, aprobado el plan, lloverán recursos y contenciosos. Es más, el PGOU nació ya con un pleito a las espaldas: el planteado contra el Ayuntamiento por el urbanista Ramón Fernández-Rañada Menéndez de Luarca, al ser rechazada su oferta para redactar el plan. La cosa está pendiente de sentencia en el Supremo. Veremos qué sucede. A Rañada, autor del urbanismo gijonés de los últimos veinte años, se le ha echado probablemente de menos durante la tumultuosa tramitación finalizada ayer. Aunque no exentos de debate y polémica, sus dos PGOU -1986 y 1999- resultaron ser documentos argumentados, razonados, explicados y explicables. El urbanismo es materia excesivamente discrecional como para que no se justifique el porqué de alturas, densidades, aprovechamientos o de las rayas que se tiran sobre los planos, que enriquecerán a unos y desposeerán a otros, si se llega a la expropiación forzosa.

En el Pleno de ayer, PSOE e IU presumieron de tener un modelo de ciudad en la cabeza. El edil de Urbanismo, Jesús Morales, propuso una hermosa simplificación: durante el siglo XX sólo ha habido dos políticas urbanísticas en Gijón. Una, de derechas, la franquista, y otra, la democrática. Incierto. Hay una tercera: la del Ayuntamiento anarquista -1936-37- del alcalde Avelino González Mallada y del concejal Guillermo Rionda (fusilado tras la guerra, primer mártir del urbanismo gijonés). Aquel plan de reformas frentepopulista contiene líneas maestras que pueden rastrearse después en Valentín Gamazo (plan de 1957), en Cores Uría (1971), y en Larrodera -con su plan parcial del barrio de La Arena-. Cierto es que la gestión urbanística desgració aquellos planes, correctos planes. Rañada fue continuador de esa tradición de buen planeamiento y además tuvo mucha mejor suerte con la ejecución de sus propuestas.

Ése es el modelo de ciudad de todo un siglo. El aprobado ayer, lo lamentamos, no ha convencido, aunque el Ayuntamiento haya vencido y Felgueroso ponga una pirámide.

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