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El PGOU muriendo sin padre conocido y renaciendo con despotismo

El PGOU que era de nadie

Se comprende que Sanjurjo no quiera responder por las culpas de un plan malogrado
LA NUEVA ESPAÑA-3-12-2009
JAVIER MORÁN Nos produce una pereza inmensa que el Ayuntamiento se ponga a elaborar un nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), ya que hemos de volver a sacar las antiguas carpetas, y nuestros modestos archivos, y la caja de las calaveras, y la de los filos, y la de las lupas, y todos esos aperos necesarios para meternos entre pecho y espalda otra tramitación enterita, que según el Ayuntamiento acabará antes de mayo de 2011 -mes de elecciones municipales-, pero que previsiblemente padecerá lo que dice la ley de Murphy: toda actividad humana se extiende hasta ocupar mucho más tiempo del disponible.

En fin, que de mano nos sobreviene la galbana, pero seguro que después nos sentiremos animosos con la tarea, pues seguramente estará llena de emociones. Por lo pronto, ya experimentamos cierta congoja con el hecho de que el PGOU de 2005, el anulado en julio por el Tribunal Superior de Justicia, vaya a desaparecer del mapa tras esta tramitación desde cero. Entiéndase: quedarán más o menos tripas de su contenido, pero no pasará a la pequeña historia local como un documento retramitado y salvado tras dicha anulación. Del PGOU de 2005 sólo podrá decirse: murió al no cumplir con su deber. R. I. P.

Por su parte, el Ayuntamiento ha de ir con pies de plomo y, además, el edil de Urbanismo, Pedro Sanjurjo, preferirá responder por un PGOU gestado ahora, bajo su responsabilidad, que no hacerlo acerca del Plan anulado, que, a la postre, no se sabe exactamente de qué padre putativo era. Es decir, no era un PGOU del ex concejal Morales, ni de otros clásicos del Urbanismo gijonés. De hecho, un informe jurídico que lo avalaba salió de no sabe dónde y, ni formó parte del propio expediente, ni el pueblo soberano pudo leerlo,

Total, que Pedro Sanjurjo querrá muy razonablemente cargar con sus propias culpas, si las hubiere, pero no con las de un PGOU que heredó, y que se malogró, y que era de nadie.

Despotismo urbanístico

LA NUEVA ESPAÑA-3-12-2009

FRANCISCO GARCÍA Ciertamente, el Ayuntamiento de Gijón no tiene por qué embarcarse en un plebiscito popular para determinar la revisión de un plan de urbanismo vapuleado en los tribunales. Pero deberían los munícipes ser sensibles, en este momento, a la opinión ciudadana en el diseño del futuro de la ciudad. La nueva legislación de suelo llama a una participación ciudadana más activa en el desarrollo urbanístico, en la decisión de determinar el cómo, el cuándo y el dónde deben surgir o desarrollarse los asentamientos urbanos. En un contexto en el que la vida de la ciudad se mide cada vez con más frecuencia en términos económicos, el urbanismo tiende a convertir al ciudadano en cliente, más que en actor del futuro del territorio en el que va a pasar sus días. El urbanismo no es sólo cuestión de normas, ni una suerte de despotismo ilustrado que propugna un alegato de todo por la ciudad y para la ciudad pero sin los ciudadanos. No olviden, como apuntaron los clásicos, que el aire de la ciudad nos hace libres.

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