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Rituales y presagios. JAVIER MORÁN

LA NUEVA ESPAÑA (17/6/07)


JAVIER MORÁN. La sesión constituyente de la Corporación gijonesa tuvo ayer algo de primeras comuniones, como de costumbre, aunque retrasadas con respecto al Corpus. Los neófitos -repetidores varios de ellos- se incorporan al Consistorio acompañados por familia y amistades, y algunas autoridades, incluido el rector magnífico, Juan Vázquez, ocupan las bancadas preferentes. Autoridades como Jesús Morales, edil emérito, que lucía hasta corbata. Predominan los atuendos apropiados, correctos, empezando por los de los concejales y concejalas comulgantes.

Dice la liturgia de la ley electoral que las corporaciones se constituyen en sesión pública el vigésimo día posterior a la celebración de las elecciones, y que una mesa de edad -Paz Felgueroso (PSOE) y Pablo Fernández (PP), en el caso que nos ocupa- ha de comprobar las credenciales de la «personalidad» de los electos. Entendida ésta como «aptitud legal» para el cargo, no deja de ser una fría alusión. Vista como referencia a una «persona de relieve», hay que felicitarse: la ley les recibe con un elogio.
Pero el protocolo empieza a temblar en cuanto los electos prometen o juran el cargo. Unos lo hacen según la fórmula legal: «cumplir fielmente las obligaciones del cargo de concejal. Con lealtad al Rey, de guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado». Otros eliminan lo de «lealtad al Rey», tal vez porque no han de olvidarse la hondas raíces republicanas de esta villa. Pero todos y cada uno reciben gozosos la imposición de las medallas edilicias.
Después de todo, ya se sabe que los europeos del Sur son incompatibles con el protocolo, y éste último parece ir adaptándose progresivamente en el Ayuntamiento gijonés. Por ejemplo, hasta el presente, dos conserjes vestidos de ceremonieros se deshidrataban en las sesiones municipales constituyentes, situados a ambos lados de la mesa presidencial del salón de plenos, con mazos al hombro y portando dalmáticas del grosor de un cobertor. Ayer, fueron liberados de ese emplazamiento y reducidos a su vestimenta ordinaria, una vez recibida la concurrencia en el salón de recepciones.

En cuanto a los ya ediles, investidos con el escapulario municipal sobre el pecho, escucharon la recitación del credo programático por parte de los líderes de cada grupo municipal. Ninguna novedad. Discursos calcados a los recitativos electorales de hace unas semanas, salvo las llamadas recíprocas de PSOE e IU al pacto de gobierno.

Únicamente Jesús Montes Estrada, «Churruca» (IU), solicita nuevos contenidos, con capacidad de promoción edificatoria, para la concejalía y la Empresa Municipal de la Vivienda, que le dio poco brillo a su formación en el mandato pasado. También reclama respeto a la lengua materna de los gijoneses: la llingua asturiana, asegura. Y fuera del turno de palabra, Pilar Fernández Pardo (PP) se remonta estridente contra amargos comentarios sobre Aznar de José Manuel Sariego (PSOE). Veremos cosas mayores.

Afuera, unos trescientos pitan y gritan acerca de la Alcaldesa y las instituciones penitenciarias. Después acuden a la Comisaría, desde donde Morala y Carnero parten para la prisión de Villabona. La Corporación 2007-2011, con todos los requisitos rituales cumplidos, se inicia junto a un encarcelamiento. ¿Mal presagio?

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