LA NUEVA ESPAÑA (19/12/06)
JAVIER MORÁN
Sobre la operación de Sogepsa en Roces-Granda hemos vertido aquí muchas ideas, pero todavía nos quedan algunas. La más urgente de ellas consiste en sugerir la erección de un monumento a la expropiación en esa área gijonesa cuyas obras urbanizatorias están a punto de comenzar después de que ayer colocaran la primera piedra un grupo de ilustres autoridades.
La idea va en serio: acaba de iniciarse el desartillo de un buen trozo de ciudad, con parques y jardines, con carreteras y viales, con parcelas para pisos y equipamientos, con farolas y papeleras, con columpios y toboganes, con setos y arbolillos, y con todo lo que haga falta, pero todo ello con cargo a cada una de esas viviendas que trabajosamente comprará alguien en el futuro.
Queremos decir que, por ejemplo, al Ayuntamiento le van a salir gratis los 215.000 metros cuadrados para zonas verdes y espacios públicos, porque ello lo carga Sogepsa a los gastos de urbanización, que luego repercutirá en cada parcela que compre un promotor, el cual, gentilmente, lo repercutirá a su vez al comprador de piso.
Dicho de otra manera, si el objetivo es el desarrollo de vivienda de precio asequible, que le metan el costo de parque a otro inocente.
Pero, de este modo, al Ayuntamiento le sale baratísimo el urbanismo, como sucede desde hace lustros, y los dineros públicos van a parar a destinos más vistosos, o a fines más distraídos.
Y toda esta operación de ahorro urbanístico municipal ha sido posible porque una guadaña llamada expropiación ha acariciado los gañotes de los nativos. No ha cortado todos los cuellos, porque muchos han pactado con Sogepsa, pero algunos sí han caído.
Y lo que es peor: además de que al Ayuntamiento le salga de bóbilis un trozo de ciudad, la quinta parte de los pisos sobre suelo pagado en régimen de expropiación tendrá precio libre en el mercado. ¿Cómo podría ser un monumento a la expropiación? ¿Un rodillo? ¿Un morro? ¿Un hombre con las manos en los bolsillos?
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