LA NUEVA ESPAÑA (29/6/06)
Cada inauguración de la Feria de la Construcción -FICNI- se parece a la anterior como un huevo a otro, pese a su carácter bienal. Es decir, resulta como un bucle en el que el presidente de la CAC, Serafín Abilio Martínez -el eterno-, reclama mayor inversión pública en ladrillo y hormigón, y el titular político del momento le responde con brío macroeconómico y predicciones fabulosas.
No obstante, hubo esta vez una novedad al hilo de esa palabreja que causa furor en latitudes con el litoral mucho más destrozado que el nuestro: la «marbellización» de la costa.
La verdad es que parece un término equívoco, ya que no se reconoce a primera vista si se refiere específicamente a las consecuencias de la densidad edificatoria o al hecho del choriceo que sigue goteando en lo que fueron dominios de Gil y Gil.
A causa de ello, cuando el consejero Buendía se irrita al escuchar dicho término, no sabemos si muestra horror por lo primero o por lo segundo.
Mucho antes de que estallara el fenómeno de Marbella ya existía otro caso singular analizado con espanto por arquitectos de todo el mundo: Benidorm.
Por ello, para no crispar a Buendía más de lo necesario, habría que hablar de «benidormización» del litoral, especialmente mientras no se saque a la luz a los hipotéticos chorizos.
Y aún antes de Benidorm hubo otro conocido referente en el caso de Gijón, que recibió el aplauso de muchos, incluso de algún guía de la opinión pública: la «miamización» del frente marítimo de la playa de San Lorenzo.
Pero, sea cual sea el concepto, aquí lo que hay por lo pronto es un problema de estética. Un recorrido por los concejos costeros asturianos pone los pelos de punta en muchos municipios a causa de adosados, pareados o bloques verdaderamente dejados en medio de ninguna parte o estilo. El problema está siendo no ya de densidades, sino de adecuación a eso que llaman territorio, y que no es término metafísico, sino bien mostrenco. Y no digamos si lo que se edifica se halla justo al borde del mar, como en estos momentos sucede en Gijón.
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