LA NUEVA ESPAÑA (30/11/05)
Nos resulta simpática esa unanimidad con la que el plenario de la Comisión de Urbanismo del Principado (CUOTA) dio paso al informe favorable al PGOU de Gijón, lo que significa su próxima aprobación definitiva. Esta unanimidad, o unidad, es muy hermosa, porque recuerda, por ejemplo, la sincronización de los obispos al difundir las doctrinas papales. El pleno de la CUOTA recibió un informe que dice que todo está bien en la encíclica urbanística del concejo y todos doblaron la testuz dócilmente. Claro que tampoco había lugar para mucho debate. El PGOU no conculca normas urbanísticas: es dogmáticamente sólido. Otra cosa es que haya sido el resultado de un desafortunado proceso, de comienzo a fin.
Ayer mismo pasó por Gijón una arquitecta del proyecto «Ensanche XXI» de Vitoria, para la construcción de 21.000 viviendas en el contorno de esta ciudad vasca. Qué envidia. Los diseños que mostró dicha arquitecta evidenciaban un desarrollo delicadísimo, integrado en el entorno verde de Vitoria y -lo que es más importante- asumido por los propietarios de suelo.
El proceso de tal proyecto ha sido tutelado por un equipo de expertos del propio Ayuntamiento -a diferencia del PGOU de aquí, elaborado en la distancia, desde Madrid-, y en el diseño vitoriano han participado sobradamente los vecinos y agentes sociales, creando así un consenso de partida que evitó sobresaltos como los de Gijón, donde el Ayuntamiento pidió sugerencias a los ciudadanos cuando el plan estaba ya redactado. Menuda jeta. Aquél fue el primer engaño de otros varios que vinieron después. Una lástima, especialmente por el descrédito que ello acarrea a un Ayuntamiento que se pregona propio de una ciudad muy participativa.
Y un punto más de comparación: el setenta por ciento de todos los pisos de dicho desarrollo en Vitoria será de protección oficial. Aquí, qué vergüenza, estamos a años luz de ello, con raquíticos porcentajes de pisos asequibles, incluso en la operación de Roces. Lo dicho: la encíclica del PGOU, dogmáticamente impecable, es una desgracia para Gijón. Así no se hace.
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