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El pantano de Caleao. JOSE GARCÍA CELLINO


El Comercio de las Cuencas (31/3/2005)


(LA LUCIÉRNAGA)


Javier García Cellino



Lo más importante del futuro es que tarda mucho en llegar, cuando tiene la suerte de hacerlo. De modo que, sabedores de ello, la mayoría de los políticos prefieren nadar en el día a día, que cuesta menos esfuerzo aunque parezca lo contrario. Invertir en el futuro significa olvidar a veces la realidad, que es lo que no gusta a nadie, sobre todo a los viven bien a costa de ella.


       Las recientes declaraciones de la Consejera de Medio Ambiente  —“Hacer realidad el derecho al agua”—constituyen, además de un compendio de generalidades, un buen manual de adaptación al sistema dominante. Solventar las necesidades de suministro padecidas en el área central de la región, como ella dice, en base a la construcción de una presa, no es para que a nadie le salgan arrugas en la frente. Puestos a buscar soluciones, mejor inclinarnos por  las que tenemos delante, no sea que acabemos padeciendo tortícolis si volvemos mucho la cabeza.


       Que se sepa, hasta la fecha nadie ha ofrecido ningún dato que demuestre esa falta de suministro del área central asturiana. Lo que indica que la citada escasez no lo es tanto o que tal vez no existe.


       En una época en la que las estadísticas están a la orden del día, llama la atención que los gestores de la idea no nos abrumen con índices y porcentajes de deficiencias. Hay silencios prolongados y también a media voz. Pero los peores de todos son los silencios cómplices.          


       No se pueden esgrimir necesidades no contrastadas, sobre todo cuando en base a ellas se van a hacer obras de infraestructura que van a suponer un coste ecológico considerable. Está bien que seamos solidarios, pero para eso tenemos que saber a quién echamos una mano, no sea que, a fin de cuentas, nuestra aportación se limite, una vez más, a incrementar las plusvalías de los que después se dedican a hacer negocio con el agua.


       Se olvida, o no interesa hacer funcionar el buril de la memoria, que CADASA fue creada con el fin de abastecer una zona central a la que en aquellos momentos se le pronosticaba un saco poblacional cercano a los dos millones de habitantes. Alejados considerablemente de esas cifras, no parece que existan muchos motivos para continuar haciendo planes de ingeniería con tanta ligereza.


        El desarrollo sostenible pasa, entre otras medidas (de ahorro energético hay muchas, sin duda), por estimular la conciencia ciudadana. Pero como todos sabemos, los votos son pan caliente. O sea, que no les agrada mucho hacerse esperar. En fin.  


 


                      Javier García Cellino

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