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El embalse de Caleao no es necesario. B.GONZÁLEZ y E.MENÉNDEZ

(Respuesta a la viceconsejera de Medio Ambiente del Principado de Asturias)


Beatriz González Fernández y Eduardo Menéndez Casares son geólogos de la Universidad de Oviedo y miembros de la plataforma en contra del embalse de Caleao



BEATRIZ GONZÁLEZ FERNÁNDEZ Y EDUARDO MENÉNDEZ CASARES

De nuevo la viceconsejera de Medio Ambiente, siguiendo los pasos de la portavoz parlamentaria del PSOE en la Junta del Principado, María Luisa Carcedo (y ex consejera de Medio Ambiente del PA) nos sorprende con su argumentación para defender el embalse de Caleao.


Algunas personas que trabajamos, tanto profesionalmente como desde el ecologismo, en temas de agua, creemos que ya está bien de intoxicar a la opinión pública vaciando de contenido términos tales como desarrollo sostenible y apropiándose del lenguaje ecologista, para defender una obra que, además de vulnerar los más elementales criterios medioambientales, no se justifica desde el punto de vista científico.


Pasemos a analizar cada uno de los argumentos empleados por la señora Fernández.


1) Ya en el pasado año la viceconsejera de Medio Ambiente del Principado de Asturias hace una petición al Consejo Nacional del Agua para la construcción de la presa de Caleao con manifestaciones tales como:


a) Considerar a esta infraestructura de «interés estratégico e imprescindible para garantizar el abastecimiento de agua en la zona central de Asturias». Argumenta para ello que «es una obra que viene siendo propuesta ya desde los años setenta y avalada por posteriores estudios técnicos en el año 1992».


Justificar la construcción de esta infraestructura por el hecho de que ya estaba propuesta desde los años setenta (recordemos quién gobernaba por entonces y su afición a inaugurar pantanos) no tiene ningún sentido hoy día, cuando ya está demostrado, después de numerosos desastres ecológicos, que la política hidraulista no soluciona los problemas de abastecimiento de agua. Las tendencias actuales giran en torno a políticas de gestión de la demanda que sitúan la eficiencia y el ahorro en primer plano, seguidas del desarrollo de otras fuentes de abastecimiento como son la reutilización, las aguas subterráneas, la depuración y el reciclaje.


En cuanto a esos supuestos «estudios técnicos del año 1992», nos gustaría mucho poder analizarlos, aunque mucho nos tememos que sean lo que se dice «informes a la carta».


Asturias es una región cuya pluviometría media anual, del orden de 900 a 1900 l/m2 dependiendo de la zona (datos para el período 1960-1985), debería ser suficiente para satisfacer el abastecimiento a toda la población, es decir, no existe escasez física de agua. Sin embargo, son bien conocidos los frecuentes cortes de agua que muchos pueblos y ciudades de nuestra región sufren durante las épocas más secas del año, cuando el caudal de los manantiales decrece (incluso algunos llegan a secarse) debido al descenso del nivel en los acuíferos por la falta de recarga.


Para garantizar el abastecimiento de agua en la zona central de Asturias no es en absoluto necesario llegar al extremo de construir un embalse de 35 Hm3; los acuíferos, que constituyen parte del subsuelo de la región, albergan un volumen de agua muy superior (más adelante me volveré a referir a ellos), de manera que una utilización racional de sus recursos permitiría resolver el problema de abastecimiento en Asturias.


b) Su «dimensión medioambiental ya que garantiza objetivos de calidad (…), dilución de efluentes de los sistemas de depuración, y contribuir a generar ecosistemas de gran valor para las aves».


Bueno, esta argumentación no puede ser más descabellada.


En primer lugar, las aguas de un río, al ser embalsadas, pierden calidad debido a los procesos de eutrofización que experimentan (pérdida de oxígeno disuelto por acción de la descomposición de la materia orgánica).


En segundo lugar, el caudal de dilución necesario para elevar el oxígeno disuelto de los efluentes de los sistemas de depuración (vertido de la depuradora de Frieres), no se incrementa construyendo más embalses en el río sino exigiendo, como primera medida, que los ya existentes (Tanes y Rioseco, en el caso del Nalón) cumplan con la obligación de mantener el caudal ecológico; esto supondría, entre otras cosas, controlar la utilización del agua por parte de las centrales hidroeléctricas.


Y, en tercer lugar, ¿a qué aves se refiere la Viceconsejera cuando habla de proporcionarles «ecosistemas de gran valor ecológico»? ¿se referirá, quizás, al «picatueru testarroxa» o pico mediano (Dendrocopos medius)?; pues resulta que la construcción del embalse haría desaparecer un bosque de robles donde nidifica esta especie catalogada por el Gobierno regional con la categoría de «especie sensible a la alteración de su hábitat».


Por otra parte, recordar que las presas en los ríos actúan como barreras para el proceso natural de transporte de sedimentos, impidiendo que éstos lleguen a la desembocadura e influyendo negativamente en otros ecosistemas como son las playas, los deltas y los estuarios.


2) El mes de diciembre de 2004 (ver artículo de LNE), Belén Fernández justificaba su postura aludiendo a los bajos niveles que la presa de Tanes presentaba en el mes de noviembre de ese mismo año.


Lo que no dice la Viceconsejera es que esos bajos niveles de la presa de Tanes fueron provocados por el gran incremento de producción de electricidad de la central hidroeléctrica instalada en ese embalse. La producción media de esta central era, hasta hace pocos años, de 85 GWh que corresponde a una turbinación de 250 Hm3; sin embargo, en los últimos años, la producción se ha elevado a 160 GWh, representando un incremento añadido en la utilización de agua de unos 200 Hm3.


No nos oponemos al aprovechamiento hidroeléctrico de los ríos, pero esto ha de hacerse con racionalidad y primando siempre el interés público, no el de las empresas hidroeléctricas, que pretenden disponer del agua en función de sus propios beneficios sin tener en cuenta la conservación del caudal ecológico de los ríos.


3) El pasado 22 de marzo publica la Viceconsejera un artículo en el mismo periódico («Hacer realidad el derecho al agua») en el que incide en su línea argumental.


Este artículo ya es el colmo de la incoherencia.


¿Pero cómo se puede aludir a la necesidad de erradicar la gestión insostenible del agua, afirmar que «ciertamente, ante esta situación, es obligada la búsqueda de alternativas respetuosas con los principios de análisis de la directiva marco de aguas, la sostenibilidad, la subsidiariedad, la eficiencia y la participación; (…)» y, párrafos más adelante, defender que Caleao es un «proyecto estratégico para Asturias»?


Además se hacen afirmaciones falsas tales como: «Pero el régimen torrencial de los cursos fluviales, las grandes diferencias de caudal entre estaciones y su breve recorrido por la proximidad de las montañas al mar hacen muy difícil su aprovechamiento sin acudir a obras hidráulicas para su reserva y almacenamiento». El aprovechamiento de las aguas subterráneas no requiere grandes obras hidráulicas, tan solo sondeos hidrogeológicos, mucho menos costosos (económica, social y ambientalmente) que cualquier embalse.


Resulta contradictorio afirmar que «estas alternativas no tienen por qué ser excluyentes, sino compatibles y ponderadas en su alcance: utilizar cuando sea posible las fuentes de suministro más próximas a la demanda, analizar más a fondo las posibilidades de utilización de las aguas subterráneas, mejorar las redes de distribución municipal para evitar pérdidas y promover medidas de ahorro en el consumo son algunas de las acciones para poner en marcha, (…)» y, sin embargo, promover como actuación prioritaria la gran obra hidráulica sin antes haber puesto en marcha la otra serie de medidas que, con toda seguridad ,harían innecesaria la presa.


4) Finalmente, en LNE de 23/3/05 declara que «la verdad es que los estudios que en su día realizaron CADASA y el Instituto Geológico y Minero de España sobre la utilización de los acuíferos subterráneos en la región no levantaron muchas expectativas porque no encontraron recursos en cantidad suficiente como para hablar de fuentes importantes de abastecimiento que permitan una utilización intensiva».


Respecto a esto, decir, sencillamente, que no es cierto. A pesar de que esos estudios de los que habla se realizaron hace más de veinte años y con muy escasos medios, los resultados obtenidos, mostrados esquemáticamente en la tabla I, permiten confirmar como alternativa a cualquier embalse y/o trasvase, la utilización de los acuíferos regionales. Para comparar el volumen de agua que se puede almacenar en los embalses superficiales de Asturias, con el agua que albergan los diferentes acuíferos de la región, se muestra la tabla II (arriba, a la izquierda). La suma total de agua que pueden acumular los embalses asturianos asciende a 520,2 Hm3, el embalse de Caleao tendría 35 Hm3, lo que supondría un volumen total de 555,2 Hm3.


Los recursos estimados de aguas subterráneas alcanzan un volumen de al menos 1.380 Hm3, es decir, que sin hacer uso de las reservas y aprovechando exclusivamente el agua subterránea que procede de la recarga anual por lluvia, los acuíferos proporcionarían 824,8 Hm3 más de agua (más del doble) que los embalses superficiales y a un coste varias veces inferior.


En este sentido, hay que resaltar la escasa financiación que el plan hidrológico nacional dedica a las aguas subterráneas, 7,9 millones de euros frente a los 36 dirigidos a la regulación del alto Aller (embalse de San Julián de 2 Hm3).


Desconocemos los motivos ocultos de esta mezquina insistencia en llevar a cabo una obra de tales dimensiones e impacto ambiental, totalmente innecesaria. Quizá la construcción del embalse de Caleao, aunque sea muy cara, al Gobierno regional le resulte rentable y más cómoda que otro tipo de actuaciones. Quizá la razón de Caleao sea la misma que la del superpuerto de Gijón. Quizás, en el fondo de todo, estén los negocios del hormigón, la industria hidroeléctrica y la especulación con el agua.


(1) I.G.M.E. (1984, a y b): «Investigación hidrogeológica de la cuenca Norte: Asturias». Servicio de Publicaciones del Ministerio de Industria y Energía, Col. Informe, 81 y 53 págs. Madrid.


(2) Gutiérrez Claverol, M. y Luque Cabal, C.(1994): «Recursos del subsuelo de Asturias». Servicio de Publicaciones de la Univeridad de Oviedo, 392 págs. Oviedo.

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