La Nueva España (23/5/05)
Interesante artículo sobre nuestra situación política
Al modelo del bipartidismo que domina en los llamados países democráticos de Occidente y que en sí mismo lleva el sello del continuismo y del anquilosamiento para que nada cambie, para que todo siga igual, hemos de añadir lo de los apaños en las coaliciones de gobierno que se firman y después se tira la llave.
Los partidos aspiran a gobernar, a ser posible en mayoría, pero, tanto si son conscientes como si no, a lo más que pueden aspirar es a administrar el cortijo existente actuando sólo a nivel cuantitativo y en los decimales, nada de cantidades importantes. Las estructuras existentes con sus descalabros continuarán vedadas y no importa lo despiadadas que puedan ser para el conjunto social. Están establecidas y han de continuar como si de un axioma se tratara.
El PP nunca será, ni puede ser, un partido de la oposición, pues forma parte del establishment, y por esta razón no propondrá cambio alguno, es decir, sólo sí a más de lo mismo y sólo en campaña electoral existirá como «oposición», en la disputa por el voto, sin que se valoren los contenidos de lo votado. El voto es lo único que cuenta y hasta la próxima, donde ya veremos, y veremos lo mismo.
El PSOE, dentro del bipartidismo o duopolio político, conoce de sobra lo de la alternancia y que lo más que le puede pasar es que, perdiendo éstas, ello sirva de trampolín para ganar las siguientes, por aquello de que el poder desgasta, pues para eso está la alternancia. En esta dinámica hay algunos desajustes y aparecen los partidos segregados del bipartidismo duopolista, partidos fleco, que con unos pocos tantos por ciento de los escaños se convierten en bisagra y pasan a ser parte de la administración, del ejecutivo, para colaborar sumándose a lo de más de lo mismo del gobierno de turno.
En Asturias, simplemente, no hay oposición (como en la mayor parte de las comunidades). La mayoría de los partidos llamados ‘minoritarios» nunca llega al escaño, por lo de los porcentajes mínimos, ley D’Hondt, financiación, apoyo mediático y un largo etcétera, de lo que son artífices los dos partidos mayoritarios y que lo son gracias a estos chanchullos. En este clima, IU-BA ha formado coalición con el PSOE, para convertir en más importante el mantenimiento de la coalición que su contenido, abandonando a la ciudadanía y sus problemas. Así las cosas, los movimientos ciudadanos van por libre y con sus movilizaciones intentan modificar la política antisocial del Ejecutivo, tanto a nivel autonómico como local del Ayuntamiento de Gijón.
Los ejemplos de esta dinámica abundan. Los enfermos de cáncer y sus familiares, tras meses de movilizaciones y miles de firmas, consiguen que se desdoble el servicio de radioterapia. El movimiento de la zona rural, contra la expropiación del suelo por la empresa pública Sogepsa, que la legaliza, para después ejecutarla por la minoría privada y continuar con la escalada urbanística. Paradojas como que IU en coalición de gobierno haya estado a favor de la Constitución europea, pero como partido en contra. La tibieza con la enseñanza pública y la subvención a la religiosa concertada. El contrato con Accenture, una megaconsultora estadounidense, para llevar toda la informática de la administración, sanidad, enseñanza y relegando el software libre sin más, y un sinfín de dejaciones y omisiones sin que haya una sola voz discordante. La coalición de gobierno no sólo no está con los movimientos ciudadanos, sino que los descalifica y denigra.
La oposición, aliada con el partido que, simplemente, «administra», para al final ni ser oposición ni partido. Abandonados, los ciudadanos simplemente han de moverse con iniciativas improvisadas en organizaciones ad hoc muy deficientes, obviamente. En este escenario, el provecho es siempre para el gobierno de coalición de turno. Se consolida una nueva clase social: los políticos, una especie de nobleza, eso sí, democrática, pero basta ver cómo empiezan y cómo progresan. Y mientras, los poderes fácticos al alza.
Miguel Ángel Llana es ingeniero y diplomado en Ciencias Empresariales.
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