De las 662 ganaderías que subsisten en el concejo sólo 58 son profesionales «La falta de relevo generacional, la presión urbanística y el endeudamiento» son las principales razones del abandono de la actividad en el sector primario
El declive del sector primario en el concejo de Gijón es algo más que un hecho. Sólo en los últimos tres años, el municipio ha perdido 298 de las 960 explotaciones ganaderas con las que contaba, es decir, hubo un descenso del 31%. El ritmo de abandonos de ganaderos se ha vuelto frenético, pues hay que tener en cuenta que entre 1980 y 2004 habían cesado la actividad 800 explotaciones, según datos de la Cámara Agraria.
José Antonio Migoya, responsable de temas agrarios de esa entidad, tiene claro el porqué de estos abandonos masivos de explotaciones: «Hay tres razones fundamentales, que son la falta de relevo generacional, la presión urbanística y el endeudamiento de los ganaderos».
Además, aquellas ganaderías que marchan bien tienen problemas para crecer, pues «es muy difícil comprar terreno rústico, ya que si alguien se muestra interesado en una finca, el propietario desconfía y piensa que el comprador tiene un chivatazo sobre una posible recalificación del terreno. Eso ha hecho que prácticamente no exista mercado de terreno rústico en Gijón y el poco que hay tiene un precio cinco veces superior al de municipios limítrofes», indica José Antonio Migoya.
Todo esto ha motivado que en sólo tres años se hayan perdido 298 explotaciones ganaderas en el concejo, quedando ahora tan sólo 662, de las que únicamente 58 son profesionales -15 de producción de carne y 43 de leche-. Pero en lo que va de 2007 ya son 17 las explotaciones que han decidido cerrar sus puertas, con lo que la tendencia sigue igual, con una pérdida de una cuota láctea de 2,5 millones de kilos, pues entre las afectadas había cinco ganaderías muy importantes, con producciones anuales de 700.000, 500.000 y 200.000 kilos anuales. El resto son prácticamente testimoniales, pues de esas 662 tienen cuota láctea 114, 148 menos que hace tres años.
3.286 reses menos
Evidentemente, a menos explotaciones ganaderas menos cabezas bovinas. De las 11.300 que había en Gijón el uno de octubre de 2004, el pasado 31 de agosto quedaban 8.014. Y de una producción de 15.882.279 kilos de leche de la campaña de hace tres años -el año lácteo comprende desde el uno de abril hasta el 31 de marzo- se pasó a 11.655.411 kilos, es decir, un descenso de 4,2 millones en tan corto periodo de tiempo.
Pero el futuro se presenta más que problemático. José Antonio Migoya estima que «de las 58 explotaciones profesionales que quedan, en 2020 calculamos que sólo se mantendrán siete dedicadas a ganado de carne y otras siete o nueve de leche, ya que tienen asegurado el relevo generacional».
Este experto asegura que en el sector «cunde el desánimo. Hace unos años, los ganaderos recibían buenas palabras desde el Ayuntamiento ante el desarrollo del Plan General de Ordenación Urbana, pero, una vez que se aprobó, todo son problemas porque los técnicos municipales que van a las explotaciones se dedican a interpretar la ley y no tienen en cuenta las peculiaridades de cada ganadería».
El sector se mantiene en una reconversión permanente y son muchos los ganaderos que están esperando cumplir los 55 años de edad para tener derecho a prejubilarse y abandonar la actividad. Además, hay otro elemento que está influyendo de forma negativa en estas explotaciones, como es el incremento del precio de los cereales con los que se alimentan las reses, ya que gran parte de la producción se está destinado a la fabricación de biocombustibles, por lo que hay menos cantidad para el alimento ganadero.
Aficionados
De momento, quienes no están teniendo problemas son aquellas personas que cuentan con un par de animales a modo de afición, para tener leche o carne para consumo propio, siempre como un complemento a la economía familiar. En este grupo se encuentran, además, la práctica totalidad de las 254 explotaciones de ovino y caprino, aunque su producción es prácticamente insignificante, a excepción de tres granjas en las que cuentan con 80, 70 y 30 ovejas madres respectivamente. Por lo general, los propietarios de cabras y ovejas las utilizan como limpiadores del terreno, pues comen todo tipo de hierba.
Pero todo esto genera un problema medioambiental añadido, como es la falta de mantenimiento y limpieza de los pastizales que se abandonan. Cuando un ganadero cesa la actividad, las tierras se ceden al Banco de Tierras para que otro las pueda explotar, pero la falta de interés hace que muchos terrenos que eran pastizales se estén volviendo zona de monte. José Antonio Migoya asegura que «esas zonas no se limpian, con lo que puede ser peligroso en caso de que se produzca algún incendio».
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