El ´boom´ de la construcción alcanza al mercado internacional. Las inmobiliarias les venden edificios tradicionales, aislados y con terreno. LA VOZ DE ASTURIAS (21/5/06)
SUSANA D. MACHARGO (21/05/200 La globalización llega al mercado inmobiliario asturiano. Desde hace unos años, el dominio del inglés se ha convertido en una herramienta imprescindible para los asesores que deciden abrir sus puertas en algún concejo costero. De oriente a occidente las agencias confirman el aumento de clientes provenientes del Reino Unido. Aunque también se deja caer algún francés y algún alemán, lo habitual es que entre un británico buscando una vivienda unifamiliar, de estructura tradicional. Si cuenta con un granary , a la sazón un hórreo o panera, mejor que mejor, porque la finca se revaloriza.
En el litoral oriental están más acostumbrados a los clientes extranjeros pero a los del occidente les ha pillado más a contrapié. Sin embargo, en ambos casos los profesionales del sector inmobiliario aseguran que el incremento de la demanda internacional arrancó hace un par de años. Todavía no se puede hablar de un boom , pero sí de un mercado en alza con grandes posibilidades económicas. Las siete agencias consultadas por LA VOZ lo confirman.
PROTOTIPO Los compradores ingleses quieren un tipo de vivienda muy determinada, ya sea como segunda residencia o para trasladarse a España. Algunos llegan rebotados desde Levante, donde acaban de vender su apartamento de la playa. En muchos casos no se decantan por Asturias, sino que buscan por todo el norte sin límites autonómicos.
El modelo es el mismo desde el río Eo hasta el Deva. Los clientes quieren una casa con una estructura tradicional asturiana, es decir con piedra vista o corredores de madera, y que disponga de una parcela de terreno. Si existen construcciones típicas anexas, como los hórreos, están dispuestos a pagar más. La vivienda no puede estar dentro de un núcleo rural, sino aislada. Las vistas a un valle o a una montaña también se pagan. Los británicos exploran los concejos costeros porque les gusta que esté cerca del mar, pero no necesariamente en primera línea de playa, por lo que las parroquias interiores ganan muchos puntos.
Las agencias admiten que son clientes muy puntillosos, que cuidan hasta el último detalle antes de cerrar una operación, pero después no ponen reparos a la hora de pagar. La horquilla de precios oscila entre los 90.000 euros de casas que necesitan restauración y los 240.000, de las que son amplias y con hectáreas.
LOS EXPERTOS Sandra García entró hace sólo unos meses en el mercado, cuando cogió la delegación de Prada en Luarca. Asegura que el primer inglés que entró por la puerta le sorprendió, pero que ya ha comprobado que es un mercado en alza con muchas posibilidades.
En la inmobiliaria de Natalia González, que lleva su propio nombre, los trabajadores hablan básicamente inglés y no francés. A la larga ha sido una suerte, porque suelen cerrar operaciones con los británicos. «Demandan más zonas del interior. Hace todavía unas semanas que enseñé unas cuantas casas en la zona de Boal», comenta Natalia, quien tiene sus oficinas en Navia.
En la Inmobiliaria Occidente, Claudia Pertierra, dice que el mercado extranjero también está entrando, aunque indican que madrileños y vascos siguen siendo los mejores.
El fenómeno también se extiende al oriente. Roberto Rojo, asesor de Reinas en Ribadesella, cita, como ejemplo de pueblos que les atraen Camango, Cuerres o Toraño y Entrilago (Parres). También está seguro de que los que les gusta de esta tierra es, además del paisaje, «la tranqulidad que mo encuentran en la Costa del Sol». Sus compañeros de Cangas de Onís lo confirman. Luis Manuel Suárez explica que llegan bien informados gracias a internet y que suelen aprovechar sus vacaciones para hacer el negocio.
Enrique Granda, de Campillo Inmobiliaria (Llanes), explica que no se trata de un boom . En su caso, realiza dos ó tres ventas al año, aunque recibe decenas de consultas en los que le piden «todo tipo de detalles, porque son bastante desconfiados».
La situación en Villaviciosa es similar. Alfredo Vega, propietario de Cubera Inmobiliaria, señala que cerró la primera operación hace 3 años y desde entonces ha sido un goteo constante. «Para ellos las distancias no existen, a 13 ó 14 kilómetros de la playa es la costa», asegura.
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