LA NUEVA ESPAÑA (24/11/05)
Quienes vinieran invitados al Festival de Cine del año pasado y repitan éste, se encontrarán esta tarde ante el Jovellanos engalanado, que, mientras el resto del mundo ha dado en estos doce meses una vuelta completa en torno a su eje, los vecinos de la zona rural parecen haber seguido clavados en el mismo sitio, flotando en ninguna parte, hasta que la Tierra y todo lo que con ella gira pasase de vuelta sobre su no-lugar, su limbo de expoliados. Quizá no suceda este año, pero, puesto que el Festival cada vez le dedica más atención a la cosa documental y a los pequeños y grandes dramas de la gente corriente, no se puede descartar que algún cineasta con nervio saque un año la cámara y enfoque hacia esos vecinos que flotan ante el teatro Jovellanos en su verde e inmóvil cabreo.
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