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LA ZONA RURAL ENTRA EN EL «GUINNESS»

RECHAZO A LA POLÍTICA URBANÍSTICA DE GIJÓN CON 4.000 METROS DE BANDERA VERDE



LA «MARCHA VERDE» LA NUEVA ESPAÑA (24/7/05)


Los vecinos batieron un récord al extender en el Muro una bandera de 4.170 metros
Entre 8.000 y 9.000 personas secundaron ayer la tercera «marcha verde» organizada por la zona rural. Los vecinos avanzaron por el Muro entre aplausos espontáneos y flashes de los turistas. La cabecera de la manifestación llegaba a la plaza Mayor a las 12.35 horas. Diez minutos después, un notario acreditaba que la bandera verde extendida por el paseo marítimo es la más larga del mundo. La organización, que recayó sobre la plataforma rural y la Federación vecinal «Les Caseríes», valoró la convocatoria como «todo un éxito» e invitó al equipo de gobierno «a recapacitar» sobre el PGOU. A su llegada al Ayuntamiento, portavoces vecinales entregaron un manifiesto a los distintos grupos. PSOE e IU los recibieron a pie de escalera.

Olaya SUÁREZ / Miriam SUÁREZ

La tercera «marcha verde» reventó la plaza Mayor. La organización se conformaba con reunir a 2.000 personas, dado que la cita caía en pleno período vacacional, pero sus expectativas se vieron superadas con creces. Unas 8.000 personas se sumaron ayer a esta nueva protesta contra el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). En esta ocasión, la zona rural bañó de verde todo el paseo del Muro.

Según los organizadores, ayer se superaron los 12.000 manifestantes de la última «marcha verde», celebrada el 17 de abril del año pasado. La Policía Local, sin embargo, cifraba la asistencia en 2.000 personas. Lo cierto es que los rurales ya tenían abarrotada la plaza Mayor mucho antes de que llegase la cola de la manifestación y, de hecho, hubo quienes no pudieron acceder por falta de espacio.
Los vecinos salieron del parque Inglés a las 11.30 horas. Abrían la marcha cuatro tractores engalanados con globos y banderas verdes. Detrás, con una pancarta en la que podía leerse «La zona rural también existe; no a su expolio, no a su confiscación», iban los presidentes de algunas de las 19 parroquias que apoyan la protesta. Y, siguiéndoles el paso, avanzaban los colectivos que se han solidarizado con la causa rural, CSI, PAS, Andecha Astur, colectivos de Barcia y Valdés…
Lo más complicado fue coordinar el despliegue de la bandera gigante con la que ayer se batió un récord «Guinness». Los organizadores instruyeron a través de megafonía a los retenes que tiraron de los 4.170 metros de tela verde. Los manifestantes sujetaban con una mano el paño y con la otra, globos o paletas reivindicativas. A la altura del puente del Piles esperaba el notario Ángel Torres, que a las 12.45 horas certificaba el récord. La bandera de la tercera «marcha verde» es, hoy por hoy, la más grande del mundo.
Las filas rurales fueron engordando minuto a minuto. Y, ya en la avenida de Rufo García Rendueles, hubo quienes aportaron su grano de arena animando desde las ventanas. En algunos tramos del paseo incluso se oyeron aplausos y voces de aliento: «Que se vos arregle todo, fíos». Los vecinos de las parroquias, por su parte, insistían en que «el PGOU nos afecta a todos».

Mientras, Diego Suárez -al tambor- y Paulino García -a la gaita- amenizaban el recorrido por el Muro. A pocos metros, un grupo de vecinos retorcía sin descanso la serpiente con la que trataban de simbolizar a Sogepsa, la Sociedad Mixta de Gestión y Promoción del Suelo que desarrollará las operaciones más polémicas del nuevo planeamiento urbanístico. «Venga, ho, bañaivos con bandera verde», arengaban en clave de humor los miembros de la organización.

La puesta en escena de los organizadores de la marcha fue tan vistosa que algunos turistas sacaron fotos del evento. Estampas como la que protagonizó Ángeles García merecían la instantánea. Esta vecina de San Andrés completó todo el recorrido en madreñas. A su alrededor sonaban los cencerros y se oía alto y claro: «Aquí están, éstos son los rurales de Gijón».



























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«Espero que el Ayuntamiento recapacite con esto», dicen los portavoces vecinales  LA NUEVA ESPAÑA (24/7/05)


«Les Caseríes» reprocha al alcalde en funciones que «no saliese a dar la cara»


La cabecera de la manifestación llegaba a la plaza Mayor a las 12.35 horas. En ese momento salía del parque Inglés el último tramo de la bandera «Guinness», y todo el paseo marítimo se cubría con los emblemas de la causa rural. Para completar la escena, cuatro paramotores sobrevolaban la «marcha» con largas tiras de tela verde. Sus pilotos tuvieron que vérselas con la Policía por participar en la protesta.

«La convocatoria ha sido todo un éxito; espero que esto les haga recapacitar y cumplan lo que prometieron», valoraba Celestino Álvarez, presidente de la Federación «Les Caseríes», a su llegada a la plaza Mayor. Las discrepancias urbanísticas entre el Ayuntamiento y la zona rural gijonesa son evidentes desde que salió a la luz el nuevo PGOU. Ahora, además, los vecinos reprochan que «no vengan a las parroquias a explicar las alegaciones».

Según dicen, «es un compromiso de la Alcaldesa del 24 de abril del año pasado, y ahí están las hemerotecas para verlo». Sin embargo, el equipo de gobierno responderá a las alegaciones por escrito y después de aprobar el documento urbanístico en sesión plenaria. Y los vecinos han reaccionado convocando la tercera «marcha verde». La protesta pilló a unas cuantas parejas de novios en su hora de casamiento. Amada Iglesias y Daniel González, lejos de abrumarse, apoyaron a los vecinos de la zona rural brindando a su salud con un «culín» de sidra.

Mientras «los verdes» se iban acomodando en la plaza Mayor, una comitiva vecinal -Celestino Álvarez, Rosa Cifuentes, José Ángel Álvarez, María Jesús Bárcena, Soledad Lafuente y Olegario Álvarez- entró en el Ayuntamiento para entregar a los grupos municipales un manifiesto en el que explicaban su malestar. Los medios de comunicación se encontraron con ciertos impedimentos para acceder a la Casa Consistorial, aunque el PSOE atribuyó luego el percance a «un malentendido».

Las concejalas del PSOE Mercedes Álvarez y María Antonia Fernández Felgueroso, y el de Izquierda Unida Francisco Santianes, recibieron a los portavoces a pie de escalera. «Es impresentable», soltaron a bocajarro. Mercedes Álvarez excusó el gesto alegando que «se están celebrando bodas y se comprometió a trasladar el manifiesto al equipo de gobierno». Aunque el alcalde en funciones, Pedro Sanjurjo, estaba a esa hora en el Ayuntamiento, «no se atrevió a dar la cara, y luego hablan de talante», criticó la comitiva.

Del Grupo Popular recibieron a los vecinos Pilar Fernández Pardo, Pedro Muñiz, Manuel Pecharromán, Juan Carlos Santos y Pablo González. La portavoz popular se comprometió a derogar el PGOU si sale elegida alcaldesa en 2007 y a «dar importancia a los ciudadanos en los planes municipales». Los representantes de la zona rural se conformarían, sin embargo, con que «hiciese una oposición más dura». Algunos de los más lanzados de la marcha no descartaban que los rurales creasen su propio partido político.





Parroquianos en pie de guerra


Familias enteras salen a la calle para defender «nuestros derechos» y un futuro en la tierra de sus abuelos

Eloy MÉNDEZ

«Nunca vi el parque Inglés tan verde», bromea Rosa González con su amiga Ana Alonso, ambas vecinas de la parroquia de Cabueñes. Eran las once menos cinco de la mañana y la margen derecha del río Piles era ya una multitudinaria fiesta reivindicativa. Pancartas pidiendo dimisiones, miles de globos, pañuelos al cuello y camisetas contra el PGOU del gobierno municipal. La música corría a cargo de los gaiteros y la letra la ponían los miles de manifestantes que a esa hora se daban cita para iniciar la tercera «marcha verde». «Morales, escucha, la aldea sigue en lucha» o «gobernar nun ye engañar» eran los lemas más recurrentes.

A las once y media, cuatro tractores abren la marcha rumbo al Ayuntamiento. «Ya está bien de que ataquen al campesino los que deberían apoyarnos», se quejaba José Manuel Iglesias, vecino de San Andrés de los Tacones. Junto a su esposa, espera su turno para coger la enorme bandera verde que se iba a desplegar a lo largo de todo el recorrido de la manifestación. «Ya llegarán las elecciones y ya tendrán tiempo para arrepentirse», apostilla su amigo Ventura Jiménez, un fijo en las protestas contra «esta tropelía».

En el puente del Piles, Aurora García y su nieto Daniel Martín, disfrazado de duende, se sorprenden al ver sobrevolar a cuatro paramotores que portan enormes bandas verdes. «Venimos de Roces porque ya no podemos más, nos tiran la casa y nos quitan los praos por cuatro duros», asegura la abuela entre lágrimas. «Mi madre tiene 80 años y dice que prefiere morirse a que la echen de su casa», dice emocionada. Su nieto la mira y le susurra un cariñoso «güelita, no llores».

A su paso junto a la escalera 10, Lidia González suelta por un momento la bandera verde para atender a su pequeño de pocos meses. Dormido junto a su pecho, parece ajeno a todo el bullicio que le rodea. Sin embargo, sus padres son conscientes de que allí también se juega el futuro de su hijo. «Venimos de Vega para defender nuestros derechos», asegura Marco Antonio García, padre de Enol. «Nos quitan todas las fincas que fueron de mi bisabuelo y nos dejan a nosotros y a nuestro hijo sin absolutamente nada», subraya la madre.

Con montera picona y un cencerro en la mano derecha, Guillermo Valdés anima a varios bañistas recién salidos del agua a unirse a la manifestación. «Yo soy de Somió, pero me solidarizo con toda la zona rural, maltratada por el Partido Socialista en Asturias y en Gijón», afirma. Según este gijonés, la única solución al conflicto pasa por la rectificación total del plan presentado por la concejalía de Urbanismo o, de lo contrario, advierte de que «habrá que cambiar el color de la Alcaldía».

«El Ayuntamiento de Gijón ha adoptado una postura autoritaria», lamenta Pelayo Martín a su paso junto a una pancarta que reza el lema «Poago resiste. PGOU no». Junto a él, cerca ya de la plaza Mayor, José Manuel Hernández levanta en hombros al pequeño Marcos Fernández. «Basta ya de robos», grita. Al fondo, junto a la pescadería municipal, el grito es ya unánime.





Miles de personas claman por una respuesta a las alegaciones en la tercera ‘marcha verde’ contra el PGOU EL COMERCIO (24/7/05) 

Los organizadores cifran el número de participantes en 15.000, mientras que la Policía Local lo rebajó a 2.000 La bandera de cuatro kilómetros batió el récord Guinness






















Miles de personas claman por una respuesta a las alegaciones en la tercera 'marcha verde' contra el PGOU
PLAZA MAYOR. Parte de los manifestantes esperaban mientras la bandera verde seguía llegando. / FOTOS DE JOAQUÍN BILBAO Y JAVIER PRENDES


LAS ALEGACIONES
Expropiaciones: el principal caballo de batalla. Piden la paralización del plan especial firmado entre Ayuntamiento y Sogepsa para actuar en Roces.

Ampliación de los núcleos: se ha hablado de mayor edificabilidad pero la ampliación sigue sin estar clara. Creen que puede haber «edificabilidad».

Usos: nada se ha dicho de las restricciones anunciadas respecto a las ganaderías y las pomaradas.

Pisos: la zona rural rechaza la edificabilidad en altura anunciada para algunos núcleos.

Viales: está proyectados viales y carreteras para dar servicio a las nuevas viviendas. Son rechazados.

ZALIA: solicitan su paralización completa.

Media hora antes del inicio de la manifestación pocos estaban seguros de que lo fueran a conseguir. Pero lo hicieron. La zona rural volvió a reunir a miles de personas en su tercera ‘marcha verde’, demostrando así que su malestar con la política urbanística del Ayuntamiento no ha disminuido lo más mínimo. Con menos participación que en la última cita, en la que se concentraron 10.000 personas, pero más que en la primera, cuando acudieron 6.000, los organizadores no dudaron en calificar el resultado de «éxito total». Ellos, además, estaban convencidos de que en la marcha había entre 10.000 y 15.000 personas, cifra muy alejada de las 2.000 que dio la Policía Local.

Lo cierto es que las camisetas, pañuelos y banderas verdes se lucieron esta vez por el Muro con una única consigna: exigir «diálogo, honestidad, democracia e igualdad». Todo eso se resume en respuestas y explicaciones a las 3.000 alegaciones presentadas al PGOU y que pasarán por el Pleno municipal en los próximos días. Los líderes vecinales tenían ayer una sola cosa en la cabeza: el compromiso que lanzó hace meses el equipo de gobierno de hablar con ellos antes de aprobar el documento. «La alcaldesa lo dijo en dos ocasiones. Iban a venir a las parroquias y seguimos esperando». La de ayer era una de sus últimas bazas para salir del Ayuntamiento con una fecha marcada en el calendario. No fue posible.

Preocupación

Lo que sí fue posible fue batir el récord Guinness con la bandera más larga del mundo. ‘4.000 metros para dialogar’ se extendieron durante dos horas por el paseo del Doctor Fleming, el puente del Piles, la avenida de Rufo García Rendueles y Cabrales. Era la principal preocupación de los organizadores: conseguir la gente suficiente para portar los cuatro kilómetros de tela verde. Eso hizo que muchos manifestantes optaran por esperar en el parque Inglés hasta última hora, en lugar de ir avanzando, y provocó que durante muchos tramos reinara un silencio nada habitual en las convocatorias rurales. Con todo, a las 12.35 horas el notario certificó: récord conseguido. La cabeza de la bandera estaba a las puertas de la plaza Mayor y la cola, todavía en el parque Inglés.

Para entonces, había cesado el vuelo de los cuatro paramotores verdes que animaban la protesta desde el aire y los presidentes de las 19 parroquias que apoyaron la marcha ya estaban ante el Consistorio. Portaban su ya conocida pancarta: ‘La zona rural también existe. No a su expolio, no a su confiscación’. Tras ellos, representantes de todos los colectivos que les apoyan en su lucha, entre los que se vieron carteles de Valdés, Barcia, afectados por la cantera de Collanca, el PAS, Andecha Astur, la CSI Ante el goteo incesante de vecinos, desaparecieron los nervios de las once de la mañana: «Es impresionante cómo se moviliza la gente», repetían unos y otros.

En la plaza todo eran gritos. Mientras unos se afanaban en recoger de nuevo los kilómetros de tela, otros cantaban su particular versión de ‘Vamos a contar mentiras’. En esta ocasión, dicen, eran verdades: «De nuevo la marcha verde se apodera de la calle, para reclamar justicia frente al plan que nos invade. Mis padres y mis abuelos trabajaron como burros, consiguieron cuatro praos que me expropian por dos duros». Habían avisado, como las otras veces: «Aquí están, estos son, los aldeanos de Xixón». Los mismos que habían invitado a todos los curiosos que observaban desde el Muro que se unieran a la protesta, los mismos que en sus pancartas aseguraban que ‘Las armas de destrucción masiva no están en Irak, están en el Ayuntamiento’ o ‘Interés general, coartada municipal’.

Y, sin duda, los mismos que entraron en la Casa Consistorial para entregar a los tres grupos municipales su manifiesto, en el que lanzan duras críticas. Porque quienes les recibieron forman parte del equipo que, dicen, «ha optado por el incumplimiento absoluto de los compromisos, seguramente por falta de lo que hay que tener para encararse con los ciudadanos y explicar su política: convicción sobre los propios principios o, lo que es lo mismo, principios».

A las dos de la tarde, la plaza Mayor empezó a perder su particular tinte color esperanza. A esa hora se habían vendido ya gran parte de la bandera del récord, al precio de un euro por metro. Y los líderes vecinales de la federación Les Caseríes marchaban con una cita pendiente: el miércoles habrá reunión y análisis. Para entonces ya sabrán cuándo se celebra el esperado Pleno del PGOU





Los colores del campo EL COMERCIO (24/7/05)


La marcha se desarrolló bajo un ambiente de camaradería entre todas las parroquias Manifestantes de todas las edades se equiparon con gorras, pañuelos y camisetas
















Los colores  del campo
MULTITUD. Miles de personas llevaron al Ayuntamiento una bandera de cuatro kilómetros. / J. PRENDES

Bebés, jóvenes, adultos, octogenarios y hasta mascotas. Todos se ataron al cuello el pañuelo de la ‘marcha verde’ para manifestarse, globo en mano. Hubo incluso quien se atrevió con les madreñes. Otros, conscientes de los más de dos kilómetros que separan el parque Inglés del Ayuntamiento, ‘customizaron’ sus playeros. Todo valía para hacerse notar y oír. De lo primero se encargaron gorras y camisetas, con llamativas frases impresas. La más solicitada rezaba: «Rompe la tradición: que los burros no tracen caminos». Cientos de silbatos y cencerros marcaron el paso durante todo el trayecto.

Al principio, los ánimos estaban caldeados. «Vengo a reivindicar mis derechos como ciudadano rural. Considero que el Ayuntamiento quiere expoliar a todos los aldeanos», explicaba Omar, mientras sujetaba una de las muchas pancartas que se alzaron durante la mañana. «En San Andrés y Serín quieren expropiar cuatro millones de metros cuadrados para hacer una zona logística. No les hacen falta, si amplían El Musel ya les sobra. Lo que quieren es vender a millón lo que compraron a duru», completó.

«A contar verdades»

La gravedad de sus reivindicaciones no fue incompatible con el ambiente de camaradería bajo el que se desarrolló la marcha. «¿Vamos a contar verdades pero que muy gordes!», se oía entre la multitud. La forma de contarlas fue una opción personal. Manuel Barreiro decidió hacerlo sobre dos ruedas, en su bicicleta. «Es una forma distinta de protestar. Normalmente se asocia el coche a la ciudad y la bici al campo. Además, hay mucha gente del centro que utiliza la rutas de nuestras parroquias para practicar este deporte», aclaró.

Los vecinos recibieron el apoyo de otros muchos gijoneses. Es el caso de Guillermo Valdés, que sacó del armario la montera picona en solidaridad con los manifestantes: «Vivo en el centro de Gijón, pero vengo a apoyar a la zona rural. ¿No dicen que Asturias ye verde? Pues lo que no pueden hacer es quitarnos lo que tenemos y no dejarnos vivir donde lo hicieron todas nuestras familias». Ramón Fernández, atento a la argumentación de Guillermo, completó: «Nosotros también sabemos especular. La diferencia es que lo hacemos con lo nuestro».

Aunque alguno se escapó de la manifestación durante unos minutos para comprar refrescos y helados, la mayoría aguantaron los 27 grados al sol con el único alivio de expresarse libremente. «¿Nunca se vio que la Administración, en vez de proteger la zona verde, se dediquen a desguazala!», exclamó una manifestante. «A ellos qué más les da. Si la mitad están en China», sentenció otro.

Gaitas solidarias

Cuando la marcha llegó al Ayuntamiento, la Banda de Gaitas de Gijón les recibió con el ‘Asturias Patria Querida’. «Tenemos que tocar en una boda a la una, pero hemos venido antes para solidarizarnos con ellos», explicaron.

Minutos más tarde, uno de los manifestantes lanzó dos huevos contra la fachada del Ayuntamiento. «Podía haber sido peor. Es una manifestación completamente pacífica», comentó Pilar Plaza, la madrina de una de las bodas que se celebró allí por la mañana. Los novios se lo tomaron aún con más humor: «Nos parece estupendo, así hay más ambiente».

Poco a poco, la plaza Mayor se quedó vacía. Pocos se fueron sin llevarse un trozo de la bandera de recuerdo.

 



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