Para un partido o dos de la llamada izquierda plural -y sobre plural, gobernante- ha de ser por fuerza un mal trago ver cómo a apenas tres días de unas elecciones se les arremolinan, levantiscos, y les escalfan unos huevos en la fachada de la casa común unos conciudadanos que les afean haber desatado una persecución con resultado de condena y aun cárcel contra unos trabajadores que dicen haber estado defendiendo, sin más, su puesto de trabajo. Insistirá la izquierda plural y gobernante en que no es verdad eso que se les imputa, e incluso intentará clamar por indultos, pero en este preciso caso -en mitad de una campaña electoral, ese tiempo donde aún más que en otros de nuestro calendario no cuentan las verdades sino las puestas en escena, los emblemas, lo que hace ruido y lo que entra por los ojos- que sea o no verdad es ya lo que menos importa. La fotografía de anoche en la plaza Mayor es la pesadilla de un gobernante en campaña.
JC. GEA
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