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¿Vivienda social? No con politica neoliberaL. MIGUEL ANGEL LLANA

Mas claro el agua… LA NUEVA ESPAÑA (15/9/05)



MIGUEL ÁNGEL LLANA ÁLVAREZ
El fracaso de la vivienda social está garantizado mientras no se impongan la seriedad y el rigor en su gestión. Los políticos -diputados, concejales, etcétera- pretenden colar ideas interesadas sobre los mecanismos que mueven el mercado de la vivienda. La mano invisible, que dicen controla el mercado, no regula nada que no sea incrementar la burbuja inmobiliaria. Además, los recursos son limitados e invertirlos en la producción de bienes que no se van a usar y permanecerán ociosos es un desatino, como si invirtiéramos en abrir zanjas o en construir altas torres de hormigón sin objeto alguno. Crecerá el PIB, pero no el bienestar de la gente, porque los pisos vacíos no alimentan a nadie.

Con la actual relación precio vivienda-salario seguimos sin vivienda social asequible y a peor. España es el país europeo donde más viviendas se construyen y donde más pisos vacíos hay, y cada vez se construye más, aumentando el número de pisos vacíos, cada vez hay más espacio urbano o urbanizable disponible y, sin embargo, cada vez la vivienda es más cara. A mayor oferta de vivienda y suelo, mayor precio, consecuencia de la política neoliberal dictada por nuestros políticos, responsables de la situación y del desequilibrio social del mercado.

¿Cómo funciona el mercado de la vivienda? Si dejáramos a la sanidad en el «mercado libre», en cuatro días se pondría por las nubes y no habría Presupuesto de Gobierno que pudiera subvencionar a la gente que no pudiera pagar la «sanidad libre». Sólo la ignorancia o el interés podría proponer este modelo sanitario neoliberal. La vivienda y el suelo funcionan de forma similar, pero sólo en cuanto a la rigidez de la demanda, en cuanto que son bienes «imprescindibles» y habrá que pagar lo que pidan. La oferta lo tiene más cómodo, ni le duele el dolor ni va a dormir en la calle. Las mercancías producidas para el uso o el consumo son sensibles en el mercado a la oferta, a la demanda y al precio, al producirlas para su uso o consumo, lo que implica una compraventa más equilibrada y un precio sensible a esa dinámica. En cambio, la vivienda no se está construyendo como un bien para usar, para vivir, se construye y vende para crear patrimonio, como inversión o como depósito de valor, como quien compra divisas o joyas sabiendo que su valor se incrementará, como está sucediendo, del 10 al 20 por ciento cada año y sin hacer nada.

El valor del suelo se relaciona con el precio de la vivienda por las expectativas que ésta le crea. Si en el proceso de la construcción el precio de venta de la vivienda se dispara, la plusvalía que genera se traslada inevitablemente al suelo, como componente de la vivienda, y, así, el suelo se convierte también en bien de inversión por las expectativas generadas a la sombra de la vivienda y deja de tener el precio de un bien para el uso. El pelotazo urbanístico los vincula como bienes complementarios inseparables en tanto que el suelo sea edificable, caso contrario vale cero, pero para eso está la recalificación, auténtica lotería que sólo toca a quien «sepa jugar».
En Gijón, como en muchos municipios, el mayor propietario del suelo es el Ayuntamiento. ¿Dónde está ese suelo, cómo y a quién se subasta y se destina? ¿Dónde están las estadísticas municipales del suelo y de los usos dados y disponibles? ¿Cuántas viviendas hay en el municipio ocupadas, vacías y en qué estado?¿Cuáles son las necesidades presentes y futuras? Las mismas preguntas valen para el suelo destinado a usos industriales. Mientras no se responda y se pongan encima de la mesa estas cuestiones, no habrá vivienda social. Sólo a partir de aquí se podría hablar de una adecuada política fiscal que ponga fin a este desmadre -que es el urbanismo- de la dinámica de expropiación, recalificación, privatización, información privilegiada (lotería) y demás corruptelas (o corrupción).

El descalabro provocado por la política neoliberal no se puede resolver con más neoliberalismo, que es lo que se está haciendo. Proponer vivienda social, con más de lo mismo, es insultante y quien así lo proponga y propicie o va de ignorante o le va el negocio.

Miguel Ángel Llana Álvarez, ingeniero y diplomado en Ciencias Empresariales.

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