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Tercera dosis de PGO. Sanjurjo saca el bisturí

Ya comentamos que a Sanjurjo le bailan los números, una vez más habla de unas cifras de viviendas posibles y de porcentajes de suelo invadido que confirman el despiste en que se mueve, indiscutiblemente los números no son lo suyo. Lo suyo es la cirugía; entendámonos, no es que sea cirujano, es que concierta operaciones. Cuenta que los constructores manejarán el bisturí para extirpar el barrio que incomoda al puerto de el Musel. Dice que los vecinos desterrados no deben inquietarse, pero sus explicaciones son realmente preocupantes para cualquiera que sume y reste correctamente y no como el edil de urbanismo.

Sigue viéndose como «pasan a limpio» el plan anulado por el TSJA, más de lo mismo … y más para con ello.  Seguimos en lo mismo: ¿A qué se debe la desmesura del PGO? ¿porqué el planeamiento no se ajusta a la realidad actual y al futuro previsible?. Ya apuntamos un motivo, la n por la ñ, realmente se trata de un plan de ordeñación. A la vista del despiste que Sanjurjo se trae con los números, nos asalta una duda: ¿Se le habrá escurrido un cero y resulta que está hablando del desarrollo de Gijón en los próximos 100 años?

Como viene siendo habitual, Sanjurjo también dejó ver  la intensidad de la recurrente epidemia de alucinaciones con el I+D+I que padecen los gobernantes.

El barrio del Muselín desaparece con el PGO y se convierte en un gran parque

Una segunda operación de cirugía urbanística hará de la avenida del Príncipe de Asturias «una nueva Diagonal», con 767 pisos en sus bordes

LA NUEVA ESPAÑA 17-7-2010 Miriam SUÁREZ
El barrio del Muselín desaparecerá para convertirse en una zona de protección ambiental. Una transformación «gradual y negociada» que el equipo de gobierno incorpora al Plan General de Ordenación (PGO) como parte de una nueva operación de cirugía urbanística que se vincula a la futura Ronda Oeste. Siguiendo el trazado de dicha infraestructura, que atravesará Jove hasta la rotonda de El Arbeyal, se desarrollarán dotaciones públicas y cerca de 600 viviendas, un 30 por ciento de ellas, protegidas.

Sus promotores tendrán que asumir la carga urbanística de adquirir los sistemas generales del Muselín para cedérselos al Ayuntamiento, que destinará esta ladera de la Campa Torres a la creación de un gran espacio natural. Si no se mantiene la actividad residencial en el barrio, es, según explicó ayer el concejal de Urbanismo, «por los problemas geológicos y riesgos de desprendimientos que venimos detectando».

Actualmente, forman el Muselín un centenar de casas y unos 200 vecinos. El socialista Pedro Sanjurjo instaba ayer a que «estén tranquilos, porque esto llevará años y negociarán con ellos los realojamientos». Sobre el papel, la operación empezará a tener soporte administrativo a partir del próximo día 30, cuando el documento del PGO se someta a la aprobación inicial del Pleno municipal.

Con este documento, el equipo de gobierno de Paz Fernández Felgueroso revisa su anterior planeamiento urbanístico, sobre el que pesan más de una treintena de sentencias anulatorias del Tribunal Superior de Justicia de Asturias. El Plan General por el que se apuesta ahora permitirá construir 21.500 viviendas: 13.000 en los suelos urbanos ya preexistentes y 7.500 en las nuevas áreas residenciales previstas en Granda, Castiello de Bernueces, Peñafrancia, Infanzón, Jove, Cabueñes y Porceyo.

Estas bolsas de terreno urbanizable reproducen los mismos patrones de crecimiento establecidos en el PGO anterior. Las «novedades sustanciales» se producen con «las potentes operaciones de cirugía urbanística» que Sanjurjo detalló ayer públicamente. El desarrollo que se identifica con la Ronda Sur, por un lado. Y, por otro, el llamado plan especial de la avenida Príncipe de Asturias: «Solicitaremos su reversión a suelo urbano de titularidad municipal en cuanto se ejecuten los accesos a El Musel».

Entonces, el Ayuntamiento tendrá la oportunidad de resolver «los problemas de segregación del territorio» entre la zona Oeste y la Sur, haciendo de Príncipe de Asturias «una gran avenida urbana con aceras» que de continuidad a Gaspar García Laviana. En palabras de Pedro Sanjurjo, «queremos crear una nueva Diagonal (como la de Barcelona)» desde el parque de los Pericones a la rotonda de la playa de El Arbeyal.

En los bordes de este eje están previstas 767 viviendas, de las cuales el 30 por ciento tendrán algún tipo de protección. El proyecto llevará consigo, además, la eliminación de la pasarela que ahora comunica Perchera con el Polígono y la construcción de un nuevo enlace con la avenida de Los Campones (Tremañes), donde habrá que reorganizar la actividad industrial con la reubicación de algunas naves. «Con esta transformación enorme podremos aprovechar algunos espacios ahora infrautilizados», aseguró el edil de Urbanismo.

El plan urbanístico prevé la desaparición de El Muselín

Los suelos urbanizables de Granda, Castiello, Cabueñes, Infanzón y Peñafrancia se mantienen sin cambios
Jove y la avenida del Príncipe de Asturias ofrecerán nuevas bolsas de suelo para más de 1.500 viviendas

EL COMERCIO 17-7-2010
Tenía muchas sorpresas guardadas la Concejalía de Urbanismo sobre el nuevo Plan General de Ordenación. Se fueron desgranando algunas, como el nuevo polígono de Somonte y los usos ganaderos permitidos en los núcleos rurales, pero las más importantes llegaron ayer, tras desvelar el tratamiento que tendrán los suelos urbanos y urbanizables del concejo. En contra de lo que se podía esperar, las modificaciones no tienen nada que ver con las bolsas de suelo que habían concitado más polémica, como las de Cabueñes o Castiello de Bernueces, sino que se plantean en la ciudad. La principal novedad no trata de sumar, sino restar, en concreto, el barrio de El Muselín. Al completo.
El nuevo PGO prevé su desaparición, aunque a largo plazo, sin un calendario establecido, sino a través de «un proceso gradual y negociado». Los motivos aludidos única y exclusivamente son de seguridad. Los problemas del barrio, con repetidos argayos y desprendimientos, son ya conocidos. Pero, además, un estudio más concreto de la zona «desaconseja consolidar el uso residencial». Así lo explicó ayer el edil Pedro Sanjurjo, quien tranquilizó en todo momento a los 200 vecinos actuales, donde hay unas cien viviendas, porque «van a poder seguir viviendo ahí durante muchos años» y «van a ver reconocidos sus derechos de propiedad». La operación de El Muselín es compleja. Primero, por lo que supone de desalojo. Segundo, porque el objetivo es convertir el barrio en un gran parque público que será desarrollado por el Ayuntamiento. Y, en tercer lugar, por la forma en la que se irá gestando la compra del suelo del barrio.
A saber. Los cambios de El Muselín se unen de forma clara a una de las nuevas bolsas de suelo anunciadas ayer, que estará en Jove, en concreto en las inmediaciones de la denominada ronda Oeste, esto es, el nuevo acceso subterráneo a El Musel, previsto para captar todos los tráficos pesados que van al puerto. Esa nueva infraestructura, que dará lugar en superficie a un bulevar que irá desde el Alto del Cerillero hasta la playa del Arbeyal, permitirá también sacar a la luz bolsas de suelo existentes en los bordes del trazado, en las que se podrán construir 575 viviendas (según los cuadros aportados ayer por Urbanismo). El 30%, unas 170, tendrán algún tipo de protección. El área reservará suelo para equipamientos sociales, deportivos, institucionales o educativos que responda a las necesidades de toda la zona Oeste.
Esa nueva urbanización será similar a la ya construida de El Lauredal, con edificios de bajo más tres alturas «compatibles con las viviendas del entorno». La cuestión es que para hacerse con el suelo de El Muselín se utilizará el sistema ya utilizado con el parque de los Pericones. Los constructores que desarrollen viviendas en Jove tendrán que pagar al Ayuntamiento su carga urbanística (el 10% de suelo que deben ceder siempre de forma obligatoria) comprando suelo en El Muselín.
Es decir, serán los promotores privados quienes tengan que llegar a acuerdos con los propietarios del barrio destinado a desaparecer y, quizás, si así lo pactan, realojarles en los nuevos edificios. El suelo que adquieran en El Muselín será cedido, a su vez, al Ayuntamiento. Sólo cuando todo el barrio sea de titularidad municipal comenzará la transformación en zona verde.
Esta gran actuación se une a la otra prevista en Jove, incluida ya también en este nuevo PGO, como una gran bolsa de suelo nuevo urbanizable, que dará como resultado casi 2.000 viviendas, todas ellas de protección, en concreto, de precio concertado.
De autopista a vía urbana
Esta es una de las actuaciones sin duda más destacadas del nuevo PGO que irá al Pleno del día 30. Pero no la única. Hay otra, anunciada también ayer, muy importante, relacionada con todo el trazado de la avenida del Príncipe de Asturias, y también condicionada por la puesta en marcha de los nuevos accesos a El Musel por Jove. Cuando esté en marcha, se solicitará al Ministerio de Fomento la titularidad de la avenida, para transformarla y convertirla en una vía urbana. La intención es que pase de ser una autopista a una calle que permita la unión de Pumarín y La Calzada así como ir, de forma segura, desde Los Pericones hasta el Arbeyal. La operación permitirá solucionar problemas existentes ahora de articulación y unión entre barrios, y conllevará otras dos cuestiones.
En primer lugar, la puesta en marcha de bolsas de suelo en los bordes de la vía, con capacidad para 770 viviendas de las que, al igual que junto a la ronda Sur, el 30% tendrán algún tipo de protección. Pero las viviendas ocuparán un 70% del suelo que se ordenará en ese entorno y el resto se destinará a usos industriales. En cualquier caso, un plan especial deberá desarrollar con más detalle todos los contenidos del territorio.
Esta es la primera cuestión unida a la transformación de la avenida del Príncipe de Asturias. La segunda será la reordenación de los espacios industriales situados en el entorno de esta vía y de la avenida de Los Campones. Será el denominado plan del Gijón Fabril, en la zona de la antigua fábrica de Flex, área en la que las instalaciones industriales «serán realojadas de forma más ordenada, adecuándose a una estructura urbana y moderna». La intención última es «articular la unión entre Sur y Oeste y transformar la entrada por Tremañes». También será un plan especial el que deberá determinar los detalles y la forma de reordenar y realojar a las industrias que quedan en el área.
Urbanismo tiene claro que la imagen actual de la zona «no es la adecuada». Para Sanjurjo, esta será una de las grandes actuaciones del futuro, ligada a otras cuestiones como la prolongación de Dolores Ibárruri hasta la autopista y, posiblemente, la desaparición del puente que une Pumarín y Perchera-La Braña. También unió este proyecto el concejal a la posibilidad que ofrece de ‘retranqueo’ en Juan Carlos I para su futura operación de desdoblamiento. Todo ello supondrá una «completa y profunda operación de cirugía, con importantes novedades respecto al plan anterior».
Albergue Covadonga
Dentro de la zona urbana aún hay que mencionar otras dos bolsas de suelo. Una de ellas ya era conocida, la que resultará del traslado del Albergue Covadonga a El Natahoyo. En el espacio que quede libre se construirán viviendas protegidas. Esa actuación se une a otra de similares características en un solar de titularidad pública situado junto a la pasarela de Moreda, al lado del Palacio de Justicia ahora en obras. Entre ambos lugares se levantarán 292 viviendas.
Poco habló ayer Sanjurjo de los nuevos urbanizables fuera de la trama urbana, entre otras cosas porque no han sufrido ningún cambio respecto a las previsiones, salvo una pequeña modificación en Cabueñes, donde se ha ampliado mínimamente, dijo, la zona de actuación, en atención a una sugerencia de la Consejería de Medio Ambiente. Pero el plan sigue manteniendo 580 viviendas (según los cuadros facilitados ayer). Se mantiene Granda, con 1.000; Castiello, 2.430; Peñafrancia, 68; Infanzón, 370; Jove, 1.890 y Porceyo, 1.229. En total, los nuevos residenciales tendrán capacidad para 7.567 viviendas. Se sumarán las 1.877 de los nuevos desarrollos mencionados, más las 2.477 que aún se pueden construir en solares sin utilizar pendientes de planes urbanísticos anteriores, más otras 7.000 de suelos urbanos incorporados, más las 1.500 del plan de vías. En total, las previsiones hablan ahora de unos 21.500 pisos a desarrollar en los próximos diez años.
Por lo tanto, destacó Sanjurjo, dos tercios de las nuevas viviendas estarán dentro del espacio urbano actual, para «colmatar la ciudad. No se produce una invasión del territorio no urbanizable. El objetivo es conseguir una ciudad sostenible, que evite desplazamientos innecesarios. Construir en todo el territorio haría inviable un sistema de transporte público y obligaría a pagar muchos más impuestos», explicó.

El 30% del solar de Naval Gijón será de uso terciario, para «no convertirlo en un espacio muerto»

LA NUEVA ESPAÑA -17-7-2010
Entre los nuevos desarrollos urbanos del PGO figuran también 243 viviendas en lo que se conoce como Gijón Fabril (donde estaba la antigua Flex); otras 60 en la finca de titularidad municipal que se encuentra junto a la pasarela peatonal que comunica el Polígono con Moreda; y 232 pisos más en el entorno del Albergue Covadonga.

El Ayuntamiento cuenta con que las nuevas actuaciones previstas en suelo urbano pongan en el mercado unas 1.877 viviendas y que los solares vacíos del centro de la ciudad todavía tienen capacidad para 2.477 pisos. «Hay que aprovechar los recursos de suelo existentes», según la filosofía municipal de ciudad compacta, que se expande con criterios de «sostenibilidad económica y medioambiental».

El suelo urbanizable ocupa un 27 por ciento del territorio de Gijón. El concejal Pedro Sanjurjo asegura que los nuevos crecimientos que se perfilan con el PGO suponen el 5 por ciento de esa superficie: el 3 por ciento de uso industrial y el resto residencial. La futura Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias (ZALIA) acapara buena parte del terreno recalificado como urbanizable con una reserva de cuatro millones de metros cuadrados.

Pero al amparo del nuevo PGO se llevarán a cabo otras actuaciones de carácter industrial. Por un lado, se ampliará el polígono de Roces hacia la Carretera Carbonera. Por otro, surgirá Somonte Alto, con espacio para «la ciudad del motor» a la que la iniciativa privada lleva dándole vueltas desde hace años. En cuanto a los terrenos de Naval Gijón y Mina La Camocha, «se adecuarán a las nuevas necesidades de parques empresariales e industrias limpias compatibles con los usos residenciales cercanos».

El máximo responsable del Urbanismo gijonés precisó que el 70 por ciento del solar de Naval Gijón tendrá aprovechamiento industrial y el 30 por ciento restante se destinará a usos terciarios, para que «la zona no se convierta en un espacio muerto». La tipología «será similar a la de los edificios barco de Poniente», apuntó Sanjurjo, «y trazaremos una calle interior desde el Acuario a la Travesía del Mar sin que se convierta en una gran avenida de tráfico rodado». El borde marítimo se reserva como zona de paseo.

En las antiguas instalaciones de Mina La Camocha también se levantará «un parque industrial de perfil moderno, con empresas dedicadas a la investigación, el desarrollo y las nuevas tecnologías». La idea es reconvertir los esqueletos del pozo minero y de Naval Gijón en «base de una nueva economía productiva y generación de empleo», aboga Sanjurjo, que también llevará al Pleno de julio la aprobación definitiva del nuevo catálogo urbanístico de la ciudad.

El documento, cuya tramitación dura ya dos años, incorpora 26 de las 49 alegaciones presentadas en la última fase de información pública. Lo que implica proteger el refugio de Cimadevilla -a petición de IU- o conceder la protección integral que el PP solicitaba para el muro que rodea el convento de las Clarisas.

El parque científico de Naval Gijón mantendrá la edificabilidad de Poniente

EL COMERCIO 17-7-2010  El 30% del suelo se reservará para hostelería y comercio, tendrá una nueva calle y un paseo público junto al mar
«Tenemos un plan que debe atender las necesidades futuras industriales y residenciales de Gijón». Pedro Sanjurjo resumía ayer de forma breve los grandes objetivos del PGO, del que poco queda ya que desgranar. En la comisión monográfica de Urbanismo de ayer llegó el turno de los suelos urbanos y urbanizables, no sólo los de uso residencial, sino también los industriales. De hecho, una de las cuestiones en las que ayer insistía el edil era que «la superficie destinada a suelo industrial supera ampliamente a la destinada a suelo residencial». De hecho, el total nuevo urbanizable industrial supondrá un 3% del territorio, mientras el residencial no llegará al 2%.
Las grandes actuaciones industriales serán las ya conocidas, como la ZALIA y la Peñona, que se incluyen el PGO (la primera no lo estaban en el anterior, pues se desarrolló al margen del plan de ordenación, por convenio con el Principado). Se suman a eso el nuevo polígono de Somonte Alto, donde se recuperará el viejo proyecto de un equipamiento ligado al mundo del motor, así como la ampliación del polígono de Roces hacia la carretera Carbonera (conllevará la mejora de los accesos) y alguna otra actuación menor.
Pero, sin duda, una de las cuestiones principales es que el nuevo plan deberá poner las bases ya de lo que será el futuro de dos suelos tradicionalmente industriales que, en este momento, han perdido su uso. Se trata de Naval Gijón y de los terrenos de Mina La Camocha. Mantiene el equipo de gobierno su intención de que esos suelos sigan siendo industriales, pero el PGO marcará sus nuevas características y la ordenación urbanística que deberán tener como «parques empresariales de industrias limpias, compatibles con usos residenciales». Ambos lugares albergarán instalaciones similares a las del Parque Científico y Tecnológico, pero con algunas diferencias.
En el suelo de Naval Gijón, por ejemplo, se permitirá una edificabilidad alta, de 0,7 metros cuadrados por metro. Eso supone poder «reproducir tipologías de edificios como los edificios barco de Poniente», es decir, con la misma volumetría, y con una altura de bajo más cuatro o cinco plantas. Será, por lo tanto, una «línea de continuidad con lo que ya existe en Poniente». De todo el suelo de Naval, el 70% se destinará a esas industrias limpias, mientras que un 30% será para usos terciarios, es decir, hostelería y comercio, con el objetivo de que, fuera del horario laboral, «no sea una zona muerta».
Esa actuación conllevará la habilitación de una nueva calle, que articule las vías que ya existen y que dan entrada al acuario o a Juliana, por ejemplo. Pero no será una gran avenida de tráfico rodado, sino una calle interior. Por otro lado, toda la zona más próxima al mar se reservará para un paseo peatonal, sin paso de vehículos.
Empresas de perfil moderno
En cuanto a los terrenos de La Camocha, los usos serán igualmente para industrias limpias, pero el tratamiento será distinto. Entre otras cosas, porque está «en un barrio residencial», junto a zonas urbanizadas muy consolidadas. La edificabilidad permitida será, por lo tanto, de 0,35 metros cuadrados por metro cuadrado, lo que significa edificios de menos altura y menos volumetría. El objetivo es ubicar allí «empresas de perfil moderno, de investigación y nuevas tecnologías, que aportarán un alto valor añadido a nuestra ciudad». Insistió una y otra vez Sanjurjo en la importancia de «seguir manteniendo la vocación industrial de la ciudad y permitir que los espacios típicamente dedicados a ella mantengan esa actividad».

«De El Muselín al cementerio»

Han visto crecer el puerto y ahora verán desaparecer su barrio. El Muselín, dice el PGO, será en el futuro un gran parque público
EL COMERCIO 18-7-2010

iene 94 años y «nombre de artista». Presume de eso y de ser «la mayor del pueblo», en el que nació y crió a sus dos hijos. El pueblo en el que estuvo «siempre trabayando, asistiendo en casas». El pueblo en el que vivió romerías llenas de gente, en el que vio a los mozos esperando «junto al muro» para ver pasar a las jóvenes que venían de buscar agua. El pueblo en el que enviudó, en el que ahora vive sola y en el que llora la pena de haber perdido a uno de sus tres nietos hace sólo una semana. Quizás por todo eso ya nada le extraña, ni siquiera acabar de enterarse de que el lugar en el que ha acumulado toda esa historia va a desaparecer. Porque ese sitio, ese pueblo, es El Muselín y está abocado a convertirse en un gran parque público.
«Este barrio era guapísimo, había mucha juventud, cuando éramos jóvenes…». A Estrella le apena mirar al pasado, pero ya casi ni le asusta el futuro, aunque ese futuro pase por la desaparición del barrio. «Nosotras, ¿dónde vamos a ir? Yo no quiero ir a ningún lado. Me quedo en mi casa hasta que me muera», reflexiona. A su lado, Ramona Álvarez, «entre 84 y 87 años, los que me quieras poner», insiste en esa idea. No se quiere ir del pueblo en el que ha vivido 70 años, en el que siempre cosió y bordó, en el que enviudó hace un año de un marido que «anduvo navegando toda la vida». Vive sola, acompañada por las vecinas, e informada «gracias a EL COMERCIO», que le acerca una amiga de la Campa. Poco entienden ellas el Plan General de Ordenación, ni han escuchado las palabras de Pedro Sanjurjo anunciando, el viernes, que El Muselín se convertirá, sin ninguna prisa, en una zona verde. Ni que serán los constructores quienes tengan que llegar a un acuerdo con los actuales vecinos. Pero dicen las dos que «algo nos han comentado» sobre la futura desaparición del barrio, que casi ni les extraña porque «ya hace tiempo que no dejaban construir ni ampliar las casas». Ellas disfrutan «de la buena vista, de la tranquilidad». Ramona incluso llegó a tener un piso en La Calzada, pero no quiso vivir en él. Con todas las ventajas que ellas le ven a El Muselín, lamentan «que nadie viene a vivir aquí, al contrario, marchan…».
«Nocturnidad y alevosía»
Pero eso no es del todo cierto. Juan Carlos Fernández ha sido uno de los últimos vecinos en incorporarse a la gran familia que es El Muselín, formada por 200 miembros aproximadamente y un centenar de viviendas. La de Juan Carlos está reformada completamente, «hipotecado hasta aquí» (señala la frente). Está enfadado y no lo oculta. En primer lugar, porque se ha enterado por el periódico, como todos sus vecinos, de que el PGO prevé la desaparición del lugar al que, voluntariamente, decidió ir a vivir, a pesar del polvo negro que el carbón de El Musel deja constantemente en su ventana. «No nos importa. Porque nos gusta estar aquí. Porque es tranquilo. Porque es un pueblín, porque me gusta ver entrar y salir los barcos. No quiero vivir en Gijón. Quiero vivir en El Muselín».
Juan Carlos estaba ayer por la mañana en la calle, como la mitad del vecindario. En la calle o asomados a la ventana. Con el periódico en la mano. En corros. Pasan en coche y paran. Hay que comentar la noticia. Algunos están realmente indignados. Juan Carlos habla de «disgusto», de una situación «injusta», de la «nocturnidad y alevosía con la que ha actuado el Ayuntamiento». No se cree las explicaciones del concejal de Urbanismo sobre los problemas de seguridad que ofrece el barrio. «Es una excusa. Si es insegura es por la bomba que tenemos ahí arriba», dice refiriéndose a los depósitos de la Campa. «Villaviciosa entera se ha inundado. ¿No es eso más inseguro? ¿Y no lo es el acantilado de Somió?»
El último vecino en llegar se va enfadando cada vez más al recordar que «este es uno de los barrios más antiguos de Gijón» y que el Ayuntamiento «lo tiene abandonado». Pone un ejemplo. Hay un argayo frente a su casa. «¿Por qué no han hecho un muro de contención, que es como se soluciona en todas partes?» Ahora, a Juan Carlos le surgen muchas dudas, como a tantos vecinos. «¿Nos van a dar permiso para arreglar las casas? ¿Para qué? ¿Para tirarlas luego igual?». Esas mismas dudas se las había planteado, ya temprano, a otro de sus vecinos, a Ángel Piñera, quien parece trabajar sin descanso en su prao quizás para rebajar el nivel de enfado. Ángel lleva 25 años en El Muselín, desde cuando se casó. Enviudó después, pero aquí siguió, con su hija. Tras la noticia ha echado la vista atrás, y empieza a hilar cosas que le desagradan. «Hace años, esto estaba considerado zona urbana. De repente, empezamos a pagar el IBI como zona rural. ¿Para qué? ¿Para que esto ahora valga menos? ¿Para que nos tengamos que ir por cuatro duros?».
«¿Cuándo nos echan?»
Es evidente que la noticia ha caído como una bomba en medio de la tranquilidad de El Muselín y ha ensombrecido la soleada mañana de sábado. «Esto ye de película», dice ‘El Cenizu’, «ese es mi nombre, como me conocen todos, porque estoy todo el día con el pito». Los 60 años que tiene los ha pasado en el pueblo, y hace 16 que regenta el bar. «Tanto dicen que miran por el pueblo y ahora esto…». Acaba de leer la noticia en EL COMERCIO, y dice una y otra vez: «Yo no veré esta desaparición». Sus vecinos, amigos y compañeros de tertulia en esta extraña mañana no pueden evitar la gran pregunta: «¿Cuándo nos echan del pueblo?». ‘El Cenizu’ saca fuerzas. «Están esperando que nos muramos todos. Pero de aquí no nos echan. Mucho dinero nos tienen que pagar. El que tuvo esta idea va a morirse primero que nos vayamos nosotros. Puedes poner eso». Están intranquilos, es evidente, por mucho que se les diga que no hay plazos, que la cosa va para largo. Ninguno se ve viviendo en un piso.
Lo dice Marcelino García, «fíu de Pepe el de la mula», 63 de sus 68 años en El Muselín. «No creo que dure para verlo», confiesa, aunque no puede evitar el disgusto. «Date pena», dice asomado a la misma ventana desde la que ha visto crecer El Musel. Tampoco quiere irse a otro lado Francisco Labrador, nacido en El Muselín hace 54 años. «Es desagradable», confiesa mientras lee la noticia, mientras su hijo, que comparte nombre, asiente a su lado, y mientras su mujer cuida de sus dos nietos, Yara, de 4 años, y Álvaro, de uno, que se dan un baño en la piscina que tienen en el prau. «Nací aquí, viví aquí. Me podía haber ido por ahí a cualquier lado, pero decidí quedarme». Confía, como su vecino, en no llegar a ver cómo el barrio desaparece, pero lamenta que sus hijos, que viven en Jove y Cimavilla, no vayan a poder ir en el futuro a pasar los fines de semana a El Muselín. Y el verano. Y muchas tardes. Y coincide también con alguno de sus convecinos en que «lo de la seguridad es una excusa. Se han hecho las cosas mal». Y también en el abandono. «No tenemos ni cubos de la basura. Tenemos que bajar por una pendiente de un 40%, casi a un kilómetro, para echarla. Pero pagamos los impuestos igual». Admite Francisco que hubo un derrumbe, que cayó una casa, pero «que no lo pinten tan mal. Tontos sí, pero de El Muselín». En cualquier caso, quizás sea el único alivio, sabe que «va a ir para largo».
Incluso los que ya se fueron del pueblo lamentan la noticia. Como su hijo Francisco, de 32 años. Se escapa desde Cimavilla hasta El Muselín cada vez que tiene un rato, lleva allí a su hijo y allí ve felices a sus padres. Preocupado está también Óscar García, que no es vecino del barrio, pero que pasa allí mucho tiempo visitando a sus amigos.
Si Francisco Labrador tenía el consuelo de que el desmantelamiento anunciado vaya para largo, esa es también la esperanza de Rosario Viudez. Le ocurre exactamente lo mismo que a las primeras protagonistas, Estrella y Ramona. Rosario va camino de los 90 años, «los cumplo cuando se comen las uvas». Llegó con 20 a El Muselín y «de aquí, pal cementerio». No hay ninguna otra alternativa después de «toda una vida». Habla de forma pausada desde la ventana de la planta baja de su casa, tras haber tendido la colada de cara al puerto. Como tiene tan claro que en su vida no va a haber, a estas alturas, ninguna mudanza más que la definitiva, lo que le preocupa ahora es «no tener ni una tiendina, aunque fuera para comprar el pan». Ir a La Calzada le supone un esfuerzo. Lamenta también que ya no haya niños en el pueblo. «Sólo uno, que se sienta ahí solo».
Ese niño, quizás, sí verá la desaparición del barrio, que deberá ser negociada entre constructores y vecinos. Mientras tanto, igual la mala noticia sirve para que en El Muselín vuelva a haber una asociación vecinal o algo similar. «Algo habrá que hacer, aunque al final no valga para nada y vayan a hacer lo que ellos quieran», lamentan algunos, mientras proyectan su mirada, como siempre, en su prolongación al mar: El Musel.

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