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¡Que los BURROS no tracen los caminos!
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MensajePublicado: Mié Nov 26, 2008 10:59 pm 
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Hace mucho, mucho tiempo que no me paso por aquí, pero no quiere decir que no me acuerde y tenga presente a la zona rural. Hoy entro para copiaros un artículo que sale en la Nueva España y que está firmado por
Francisco Prendes Quirós, os pongo también el enlace:

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008112600_35_700332__Gijon-isla-Roces

Pero como en este mundo del internet luego todo desaparece... paso a copiar y pegar:


Mi fe en los sacrificios soportados por los propietarios se acaba de hundir en un pozo sin fondo

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Francisco Prendes Quirós

"Creo en un Gijón poderoso, criador de la villa, sus industrias y sus alrededores... y creía, hasta ayer mismo, en los frutos del sacrificio de la parroquia de Roces, donde naciera Camín el 12 de agosto de 1890: «Nací sobre peñascales / y al abrigo de una torre, / mirando al agua que corre / abajo, entre los nogales»...

Creía, ¡tonto de mí!, en la posibilidad de que del sacrificio del rural expropiado, surgiera un nuevo Roces semiurbano, bien pensado, homogéneo y equilibrado, albergue grato para estar y vivir, respondiendo a una concepción progresiva de la «urbanidad mixta» del siglo XXI; fruto, o hijo, como quien dice, de las enseñanzas aprendidas por la villa en aquella feliz iniciativa de las Mil Quinientas Viviendas de Pumarín, con las que el «antiguo» régimen, padre del actual, quiso paliar el grave déficit de vivienda que se presentaba en Gijón por el notable incremento de población, sin apenas recursos, que la villa «disfrutaba» por aquellos años cincuenta del pasado siglo; proyecto globalizador que fue magníficamente concebido por la obra, la gracia y el saber de los arquitectos, don José Avelino Díaz Omaña y don Juan Manuel del Busto, auxiliados para el caso por dos brillantes juniors; don José Antonio Muñiz y don Miguel Díaz Negrete, al que, creo, Gijón debe bien merecidos reconocimientos, tras miles de notables trabajos.

Viviendas, entorno natural, bloques y torre alta como hito, que aún hoy, son dignas de admiración, por la elegancia, equilibrio y distribución de espacios y volúmenes... y que para su tiempo, negro y pobre de solemnidad, supusieron un paso de gigante en la vivienda obrera, protegida, o como quiera llamársela...

Pero, lamentándolo en el alma, mi fe en los frutos de los sacrificios y dolores soportados por los propietarios de Roces, se acaba de hundir en el pozo sin fondo de las tormentas y disparates a que Gijón se ve sometido, algunos de ellos, bajo el poder, o por la influencia de Poncio Pilato... otros, por el poder o la influencia de cualquier otro lava manos...

Resulta que se expropió el suelo tradicional a inocentes propietarios, muchos de los cuales en la ruralidad compatible con los goces de la villa, habían pasado su vida. Resulta que el terreno que se preparó, urbanizó, enceró y enfaroló a cargo de los fondos públicos, o sea con los de la Sogepsa que el Principado tiene para estos menesteres, y se entregó o vendió o subastó, como hubiera o hubiese sido, a los promotores de viviendas, no para que del infierno de la expropiación resucitase al tercer día un nuevo y armonioso conjunto edificado que elevara a Roces a los cielos de Gijón; sino que el sacrificio, al parecer, sólo sirve para que cada uno de los promotores adquirentes o adjudicatarios, o lo que sea, haga en la parcela asignada un número de viviendas determinado, bajo la forma, color, sombra y anchura, que a cada «arquitecto» contratado le pete... y resulte la fórmula más económica y rentable para el promotor-vendedor, como si aquel espacio, hasta hoy llano y virgen, más que un «conjunto» que recrear, fuera un laberinto, una carrera... un rico «tocóte»... o, dado el actual parón del ramo, fuera ahora mismo aquella isla de Roces el remedio local contra el azote bíblico del «paro obrero»...

Porque de pronto, que de la noche a la mañana, con las «cintas» ya puestas, se cambie la ordenación aún virgen de la isla de Roces, no la de don Florencio, para una constructora coloque dos torres gemelas por «puerta»; torres que, como por ensalmo, un notable arquitecto sacó del baúl de las sorpresas, como de su manga saca sus trucos el amigo Domínguez Gil en sus exhibiciones benéficas, pone de relieve, o la improvisación, el capricho, o el viva Cartagena, con que los Poncios están poniendo «las puertas y las íes» a las grandes obras de Gijón: sea estación, y su entorno; sea metrotrén y su destino; sean hoteles, torres, cuevas y uvas que, como hongos, surgían, (¿seguirán surgiendo?) por doquier... o que, lo que sería muy grave, que por el cambio de ciclo y la falta de atractivo del proyecto «edificativo» de la isla, perdida entre ríos de cemento, las constructoras temiendo el fracaso rotundo de la operación, confiaran en la sorpresa y atracción de las cacareadas torres para «sacar» adelante la venta de la promoción concebida en aquellos buenos, pero pasados «tiempos de bonanza»...

Creo, con el Credo, que la historia vendrá un día a juzgar a los vivos y a los muertos, tanto a los que han hecho el Gijón bueno como a los que lo han destrozado, -por malvada avaricia, o por encomiable, aunque equivocado, interés por edificar contra el desempleo-, las posibilidades, que «natura» generosa ofreció a la villa, de sus alrededores, y aunque crea en el perdón de los pecados... me niego a creer que con las alegres «ocurrencias» de las constructoras ricas, colocando aquí y allá torres y hoteles, con la pertinente bendición política, se consiga, a la postre, ni resolver el paro, ni, por supuesto, construir la ciudad que merecemos.

Roces, será, tras Tremañes, segundo doloroso ejemplo de cómo se desaprovecha una oportunidad histórica, y de cómo de un espacio virgen se hace un «rico y loco» cabaré..."

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LA ZONA RURAL LUCHA UNIDA HASTA EL FINAL


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MensajePublicado: Mar Dic 23, 2008 3:10 pm 
No son dos torres. Son cuatro. Dos en la "puerta" este y dos en la oeste.


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MensajePublicado: Mar Dic 23, 2008 3:12 pm 
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Registrado: Mié Mar 10, 2004 9:33 pm
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Ubicación: Moreda- Gijón
integrando el entorno rural verdad¿? esa es la gran idea de nuestros políticos... destrozando todo

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LA ZONA RURAL LUCHA UNIDA HASTA EL FINAL


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MensajePublicado: Vie Ene 02, 2009 5:57 pm 
En la Nueva España de Hoy:
ROBERTO RIESTRA BUZNEGO ARQUITECTO Que las dos torres de Roces se hayan convertido en cuatro no sorprende. Cuando una corporación pierde el control de la situación y se pliega a los intereses particulares pasan estas cosas? que lamentablemente no tienen fin. 


Puede pensarse que el proceso es una jugada maquiavélica: primero nos venden dos torres con arquitecto-estrella y después, cuando ya estamos rendidos ante los hechos, añaden dos torres más. Pero seguramente la realidad es más triste y es resultado del desconcierto y la confusión que en materia de urbanismo reina en el Ayuntamiento de Gijón. Simplemente se ha perdido el Norte. 


Puede ser este un buen momento para recordar la situación con los ayuntamientos predemocráticos cuando el urbanismo estaba orientado exclusivamente a satisfacer intereses económicos privados; por ellos se sacrificaba todo -espacios verdes, patrimonio cultural, equipamientos, etcétera- y se justificaba llamándolo progreso. 

Por su parte, los primeros ayuntamientos democráticos se fijaron como prioridad reconducir el urbanismo, equilibrando intereses públicos y privados. Fueron momentos donde se protegieron los patrimonios histórico y natural, se obtuvo suelo para equipamientos y se buscó un urbanismo «humano», de escala sensata. Y en el caso particular de Gijón se intentó maquillar y atenuar los muchos desmanes del desarrollismo. En definitiva, se hizo un urbanismo con criterio. 


A mi entender, el problema que aqueja ahora a la Corporación gijonesa, a tenor de los hechos, es precisamente ese: la falta de criterio urbanístico. Parece que da lo mismo hacer dos que cuatro torres, da lo mismo construir 3 o 5 o 26 plantas, da lo mismo una volumetría que otra, una ordenación que otra... Y esta falta de criterio en realidad constituye una debilidad fácil de explotar por los intereses promocionales. 


Pero volvamos al origen de esta historia: ¿por qué aparecen las torres en Roces? La respuesta es sencilla: por el interés particular de una, o tres, promotoras. 


Con la ordenación aprobada, en las parcelas que tenían compradas o adjudicadas estas promotoras, una parte de sus viviendas tendrían un soleamiento deficiente. Pero es importante señalar que la ordenación (con edificios-arco) ya estaba aprobada cuando compraron o se adjudicaron dichas parcelas y era perfectamente conocida por ellas. Especialmente conocida para estas tres promotoras, representadas en el Consejo de Administración de SOGEPSA (Sociedad Mixta de Gestión y Promoción del Suelo de Asturias, cuyo 57,77% es capital público, parece ser, según se indica en la web de la entidad). 


Dado que a estas promotoras no les gusta la ordenación de las parcelas que han comprado, proponen su modificación. Para ello siguen los cauces lícitos y legales previstos en la legislación urbanística. El problema radica en que defienden una contrapropuesta brutal y, para mí, en que la Corporación gijonesa la apoya con un entusiasmo pueril e irreflexivo. 


Decir que cuatro torres de casi 100 metros tienen efectos negativos debería ser una perogrullada. Decir que tendrán un impacto paisajístico brutal, que producirán sombras importantes sobre otros elementos (viales, ronda de circunvalación, otras viviendas, etcétera), que desbaratan la coherencia de todo el plan de Roces, etcétera, es algo obvio. Pero no parece preocupar a los responsables de su aprobación. Lo único importante es que las viviendas de estas tres promotoras tengan buen soleamiento. 


Por otro lado, un proceso de modificación tan radical no parece lo más sano ni democrático. Se nos ha mostrado hasta la saciedad un plan de Roces con edificios de 4, 5 o 6 plantas, se ha insistido en que tendrá viviendas asequibles, se nos ha publicitado como coherente, ecológico, etcétera, etcétera. Pero una vez aprobado se da el cambiazo y ¡zas! aparecen torres de 26 plantas como si tal cosa, hurtando del debate inicial esta ocurrencia. 


Al fin se transmite una sensación de servilismo de los organismos públicos ante intereses privados y este proceso abre un camino de difícil retorno. Los organismos públicos serán cada vez más débiles, a merced de intereses particulares que se irán haciendo más fuertes, más insaciables y más exigentes. Por mero agravio comparativo. 


En última instancia las torres de Roces supondrán para el urbanismo gijonés algo equiparable a las edificaciones de El Muro: un error histórico que nuestros descendientes, dentro de 40 o 50 años, no comprenderán. Se preguntarán cómo pudo permitirse semejante barbaridad y buscarán la forma de atenuarla... eso sí, con dinero público. Estamos a tiempo de evitarlo.


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